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Una grata sorpresa.
¿Podría un hijo sentir tanto odio hacia su padre?
Pues sí, porque ese hijo era yo.
– ¿Por qué no me lo dijiste? – le dije sin siquiera saludarlo. Era imposible un poco de amabilidad de mi parte, después de lo que me había hecho. Claro, sumando todo lo que me había hecho en toda mi vida.
– ¿Qué cosa? – dijo alzando sus hombros con toda la tranquilidad del mundo, sin ninguna pizca de culpabilidad o remordimiento.
Increíble.
– No te hagas…– le espeté acercándome más a él, con mi voz ronca de solo pensar en mi madre. – ¿¡Por qué no me dijiste nada sobre mi madre!?
Lo último dije pausadamente cada palabra, elevando la voz para que note con claridad mi disgusto. Pero el solo se giró y dio un suspiro mirando el patio sobre la ventana.
– Ella no quiso.
Impresionante. ¿Acaso este señor no tiene algo de corazón?
– ¿Y qué Quería? – pregunté levantando la voz, y frunciendo el ceño. – ¿Quería que llegase a casa, luego de tantos años, extrañándola, necesitándola más que nunca, y que me informaran luego de cuatro meses que ha muerto? – me giré. No podía verlo a la cara. – ¿Acaso no tienes corazón?
Una lágrima brotó desapercibida de mis ojos.
– No quería que interrumpieses tus estudios.
– ¡Los que tú me obligaste! – le grité con toda la ira acumulada en mi.
– Basta. – ordenó y siguió por la biblioteca, sentándose en uno de los sillones.
– Si te soy sincero, no esperaba menos de ti. – corté fulminándole con la mirada, y rápidamente me apresuré a salir de la biblioteca para dejarlo solo.
Y ahora que volvía, con todas las esperanzas de comenzar mi vida con el apoyo de mi madre, todo se vendría al vacío. Me tocaba soportar a mi padre, pero no creo que dure mucho. No con lo que me hizo.
Llegué a la entrada de la mansión en busca de Matt y Alison, pero ya no había nadie allí. Tenía que encontrar a mi mejor amigo, yo me ofrecí a llevarlo a su piso. Cuando pasé por la sala de estar en su busca, me interrumpió Matilde con una voz rasposa, como si tuviera miedo. Pero claro, sería lógico luego de mis gritos en la biblioteca.
– La señorita Alison salió hace unos minutos a llevar al señor Matt, joven Ryan. – asentí y luego pregunté a Matilde, donde quedaba mi habitación.
Ella pareció aliviarla bastante mi respuesta, supongo que pensaba que también la gritaría a ella, pero como gritarle si siempre fue una buena mujer conmigo, podría decir que fue como mi segunda madre, y ella no tenía la culpa de nada para recibir mis gritos y mi mal humor.
Cuando me vi por el espejo que estaba en mi cuarto, la verdad, no me sorprendí. Tenía mis ojos grises rodeados de ojeras ligeramente notables –a consecuencia del largo viaje– mis parpados también estaban algo inchados, junto con mi cabello oscuro alborotado y mi barba de días no me daban muy buena pinta, estaba cansado y necesitaba dormir.
Cuando sentí la suave tela de las sabanas debajo de mi cuerpo, el sueño no tardó nada en aparecer. Al fin, luego de tantas cosas ocurridas en el mismo día, el viaje, la vuelta a la mansión, mi madre… En fin, necesitaba dormir.
La muchacha de ojos verdes fue lo primero que se me vino a la mente al despertar. Pero… ¿Por qué?
Esa muchacha me había robado la cartera, perdí todo lo que tenía ahí. Una foto mía con mi familia –pero más me importaba porque tenía la foto de mi madre. – todo mi dinero, y mis documentos personales.
Esa muchacha me había jodido la maldita semana. O incluso el mes entero.
Al bajar al comedor mis ojos se posaron en los integrantes que tenía la mesa: mi padre, Alison, Mason –era nuestro hermano mayor– y Matt.
Esperen... ¿Matt?
Cuando se dieron cuenta de mi presencia el primero en levantarse fue Mason. El solo se abalanzó a mí dándome un abrazo. Yo le correspondí, pero me pregunto por qué no estuvo ayer cuando llegue a la mansión.
– Te extrañamos mucho, hermanito. – dijo con una sonrisa burlona en su rostro. No me gustaba que me dijera así solo por ser mayor que yo. – Lo siento por no estar ayer, ya sabes, problemas en la empresa. – me dijo alborotando mi cabello con su mano.
Aparté su mano casi de un golpe, y le dirigí una sonrisa de boca cerrada. No tardaría mucho en sacarme de quicio.
Luego de lo que pareció un desayuno tranquilo, sin muchos temas de conversación y, milagrosamente, sin ningún motivo para desear no haber vuelto, mi padre me dijo que tenía que presentarme en la empresa para confirmar cuanto antes cuando y como trabajaré. Claro, no creía que mi padre permitiera que su propio hijo trabaje en otra empresa “enemiga” a la suya.
Hice una seña a Matt para que me siguiera a la entrada de la mansión, y noté como se puso algo nervioso.
Me oculta algo.
Todos me ocultan algo.
– A ver… Empieza. – sentencié alzando la barbilla y soltando un suspiro, pero para nada estaba enfadado con Matt.
– Este… Yo… Trabajaremos juntos.
A lo contrario de lo que pensé que sería mi reacción, levante una sonrisa sincera hacia Matt. Le di unas palmadas en el hombro para que note mi entusiasmo, pero… ¿Por qué estaba nervioso? Realmente me emocionaba que mi mejor amigo me acompañara al trabajo.
Oh oh. Aquí pasa algo más.
– Esta genial. – le dije para animarlo, pero al notar que seguía nervioso le pregunté. – ¿Hay algo más que debas decirme?
– Bueno… – comenzó a confesar cuando fue interrumpido por el timbre de la casa.
Matilde se apresuró a abrir la puerta, pero la paré levantando la palma de la mano y fui yo mismo a ver quien estaba al otro lado de la puerta.
Al abrir la puerta vi el jardín espacioso, pero no había nadie. Salí unos metros para ver por el jardín por si alguien desconocido no siguiera allí, pero en el camino, tropecé con algo en el suelo.
Era mi cartera.
La cartera que la muchacha me robó.
Estaba aquí.
Sin exagerar, me quedé como un minuto mirando la cartera en el suelo, todavía me sorprendía que estuviese allí, mi dinero, la foto de mi madre, mis documentos, pero claro, la muchacha seguro ya se encargó de vaciarla por completo, y devolvérmela vacía para burlarse de mí.
Esto es humillante.
Matt se acercó a mí y miró en la misma dirección que yo. Miró la cartera, me miró a mí. Miró nuevamente la cartera, terminó por posar sus ojos verdes en los míos.
– ¿Esa no es tu cartera? – me preguntó señalando la cartera en el suelo.
Haciendo caso omiso de su pregunta alcé la cartera, y para mi grata sorpresa todo estaba intacto, a diferencia de dos cosas, 1) Mi foto no estaba, –genial ya tenían una referencia mía para secuestrarme o algo peor– y 2) ¿Una nota?
Pero lo que más me sorprendió no fue eso, sino lo que decía: un número telefónico junto con un “Llámame ;)”.
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Holaaa!
Espero que les guste y que le den a la estrellita por eso.
Un saludo!
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¿Para Siempre?
Romance¿Puede una broma traer buenas consecuencias? Cuando parecía que las aguas de la vida de Ryan se calmaran, conoce a una muchacha, pero no precisamente en las mejores circunstancias. El cree odiarla y por ende, no quiere saber nada más de ella, pero e...