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I'll be waiting
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"Tuvimos el tiempo en nuestra contra, y millas entre nosotros. Los cielos lloraban y se que te dejé sin habla, pero estaré esperando por ti."

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— Hey Ross.— una voz masculina llamó la atención de la chica quien llevaba una caja y una bolsa algo pesada. — ¿Necesitas ayuda?— el chico tomo la bolsa dejando a la castaña apreciar el rostro de el.

— Hola Germán.— saluda Ross con una tierna sonrisa en el rostro.

— ¿Qué es lo que llevas aquí?—pregunto algo curioso asomando un poco su rostro a lo que hay dentro de la caja.

— Solo es un pequeño detalle para Barca. Ya sabes, para dárselo hoy, antes de que se vaya. —  comenta mientras ambos comienzan a caminar hacia la casa de la chica.

— Vaya, es un detalle algo interesante. —  Germán mira a su amiga y le sonríe.

— Si, todavía estoy pensando en si dárselo o no, me gustaría tenerlo también. — hizo una ligera mueca.

— Estoy seguro de que le gustará, tu puedes buscar otro. — anima a Ross.

— Espero. — suelta un pequeño suspiro.

Ambos detienen su caminata al estar enfrente de la casa de la castaña. Ross se acerca a la puerta y la abre esperando a que Germán entrara.

— ¿No pasarás? — preguntó confundida.

— Primero las damas. — hace un pequeño movimiento con su cabeza. — ¿O eso te ofende? — preguntó al ver el rostro de Ross algo confundido.

— No, está bien. — la chica se adentró a la casa, para que después Germán se adentrará y Ross cerrara la puerta con su pie.

Ross dejó sus llaves en la pequeña mesa y se adentró a la cocina con la caja en manos.

— Mamá, ya llegué. — la chica caminó hacia el patio y dejó afuera el regalo de Barca, para después volver a la cocina y comenzar a hacerse una coleta en su cabello.

— Oh, hola chicos. — soltó Grace al voltear y ver a su hija junto a su mejor amigo. — ¿Cómo te fue? — le preguntó a Ross cuando se acercó a depositar un beso en su mejilla.

— Bien. Dani te manda saludos, dice que espera verte pronto. — comentó mientras agarraba unas galletas de la alacena.

— Si, debería de ir a visitarla en estos días. — comentó la mayor con una sonrisa. — ¿Cómo te fue en tus vacaciones Germán? — cambio de tema y miró al platinado que había dejado la bolsa en una esquina, cerca de la puerta del patio.

— Bien, mamá deseaba volver pronto. Creo que a veces la abuela suele ser algo, pesada.— Ross se acercó a él y le entregó unas galletas.

— Pues bueno, me alegra tenerte por aquí. — le sonríe al chico.

— Iremos a mi habitación. Bajaré pronto para ver cómo está el regalo de Diego. — comenta la menor de los tres.

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