Capítulo 23: Amenaza

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La mansión se fundió en otro escalofriante silencio, ninguno se esperaba escuchar el nombre del mismo Lucifer.

- ¿Lucifer realmente existe? – cuestionó Liam incrédulo.

La mayoría de los presentes voltearon con mirada expectante, esa no fue una de sus preguntas más inteligentes.

- Yo existo – respondió el arcángel Miguel.

- Buen punto – tarde, pero se dio cuenta de su error.

Aun conmocionados todos buscaron un lugar para sentarse y asimilar todo.

- ¿Cómo sabía Lucifer que Alexandriel estaba vivo y encerrado? – se preguntó Kurt.

- ¿Y por qué razón lo liberaría? – cuestionó Lucithor.

Muchas preguntas sin respuesta que solo podrían ser respondidas por el ser que empezó todo ese desastre.

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En otro lugar alejado de Mystic Falls se encontraba un corpulento hombre en un sótano en medio del bosque, estaba recostado en las raíces del árbol que una vez tuvo gran poder sobre las criaturas sobrenaturales, fue venerado y respetado por los humanos, realmente se sentía identificado con ese ser natural.

Vio el lugar donde debería estar su brazo y no lo encontró, soltó un doloroso quejido al tratar de mover su hombro; se le estaba dificultando curarse sin su fuerza total, el daño por poder elemental requiere de mucha energía para regenerarse.

Un aleteo se escuchó dentro de ese sótano polvoriento, la figura de un hombre de mediana edad se divisó bajando las escaleras.

- Así que aquí te escondes – lo vio hacia abajo – De pie – exigió el hombre cruzándose se brazos.

- Así que aquí te escondes – lo vio hacia abajo – De pie – exigió el hombre cruzándose se brazos

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- Púdrete, imbécil –

- Uy que carácter, envejecerás más rápido – dijo con sarcasmo y se río de su propio chiste.

La criatura le dirigió una mirada asesina, no estaba de ánimos para soportar el humor negro de ese idiota.

- Jo-de-te – parafraseó lentamente.

El contrario alzó el brazo y lo impulsó hacia una pared manteniéndolo alzado en el aire, se quejó por el tirón que sintió en el brazo faltante.

- ¿No escuchaste? Dije DE PIE –

- ¡Hijo de perra, suéltame! –

Obedeció a la exigencia con una cara de enojo, bajó su brazo y el cuerpo de la criatura cayó al suelo como un saco de patatas. Se apoyó en su único brazo y se puso de pie, aun gimiendo del dolor.

- Eres patético, mi amigo – se acercó y lo tomó del mentón.

- No me toques – en un movimiento brusco se separó del agarre – además, no soy tu amigo –

- ¿Acaso no recuerdas quién te sacó de esa prisión donde estabas destinado a ser torturado por la eternidad? – cuestionó en voz baja, casi un susurro amenazador.

Alexandriel mentiría si dijera que no tuvo miedo a este ser, el Lucifer que él conoció en la antigüedad era un mimado hijo de papi que huía de cualquier pelea. Sin duda los tiempos cambiaron.

- Sin tu poder completo no eres nada comparado a mí, así que será mejor que cambies tu carácter y comiences a cooperar – exigió y se dio la vuelta con la intención de marcharse.

- Me mentiste – musitó con la voz gruesa y rasposa mirando el piso.

- ¿Disculpa? – se detuvo y giró hacia él.

- Mentiste, no me dijiste que ellos no lo sabían, solo me diste nombres y direcciones– alzó la mirada con odio, sus ojos estaban impregnados con furia.

- Pues eso no es mentir, solo omití algo de información – dijo con un tono inocente y sonrió haciéndose el desentendido.

Esa fue la gota que derramó el vaso, la criatura soltó un gruñido estridente, se lanzó directo hacia Lucifer con las garras de fuera y con la entera intensión de desgarrarlo.

Pero antes de que pudiera lanzar el primer zarpazo Lucifer ya lo tenía agarrado por el cuello y como si nada lo levantó del piso.

- Tu no aprendes de tus errores, ese es tu principal defecto – apretó más su agarre alrededor de la piel de la criatura.

- No puedes matarme, no sin su ayuda – habló con la voz ahogada, con su única mano trataba de hacerle daño a su agresor.

- Es cierto que no puedo matarte, pero puedo regresarte al hoyo de donde te saqué, sucia rata – amenazó con una sonrisa de superioridad.

Ese último comentario lo alarmó, prefería morir antes que volver a ese horrible lugar; así que dejó de luchar y se obligó a sí mismo a calmarse.

- Así me gusta – murmuró y seguidamente lo soltó.

Como pudo se mantuvo de pie, se sostuvo el cuello tosiendo.

- ¿Qué quieres de mí ahora? – preguntó Alexandriel derrotado y resignado.

- Solo quería advertirte que debes seguir con el plan, si no lo haces ya saber lo que te pasará – se dio la vuelta y se marchó en un aleteo.

Se desplomó en la sucia superficie del piso, esa pelea hizo que su extremidad volviera a sangrar.

Lucifer le quitó la mayor parte de su poder cuando lo sacó del tártaro, lo encapsuló en una especie de cofre y no tiene idea de donde puede estar.

En un principio su plan era simple, convertir a los recipientes de los responsables de su desgracia para que los entes despertaran de su larga espera, luego los mataría fría, lenta y dolorosamente, así como lo fue su tortura. Al terminar bailaría sobre sus cadáveres ¡Sí! Bailaría sobre ellos.

Pero las cosas cambiaron desde el momento que encontró a Philiph y lo convirtió, no tenía en cuenta que lucharía con todas sus fuerzas y no tuvo más opción que asesinarlo.

Pero aún tendría a sus hermanos que, como él creía, eran igual de responsables que Philiph; ahora se encuentra en un dilema, el odio que había estado acumulando a lo largo de todos esos milenios se vio en entredicho.

A pesar de que la misión inicial de los elementales era eliminarlo a toda costa, el verdadero culpable de todo fue Miguel por lo que pasó en ese tiempo.

Y por otra parte estaba la amenaza que acababa de recibir, debía seguir con su venganza si no quería volver a ese calvario.

No tenía idea de la razón por la que Lucifer lo liberó, no le explicó nada cuando lo hizo aparecer en el infierno.

Ciertamente, esto es un misterio.

Sensible (Steter)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora