Llegamos al parque de diversiones y yo todavía me preguntaba qué hacía aquí.
— Bienvenida al Muelle de la Diversión en Miami preciosa.—dijo mientras me ayudaba a bajar de la motocicleta.
Yo extendí mis labios en una sonrisa. La verdad es que quería hablar pero esto se ve divertido.
Pasamos a una taquilla donde había una señora de unos cincuenta años con una sonrisa dulce.
— Dos entradas por favor. —Le dijo coqueto a la señora.
Me paré a su lado mientras Allan pagaba.
— Pero que jóvenes tan lindos, ¿Son novios? —preguntó la señora viéndonos.
Esto creo ya era demasiado incómodo hasta para mí. Mordí mi labio inferior nerviosa, totalmente diferente a Allan quien seguía sereno y tranquilo.
— Sí. —respondió despreocupado mirando a la señora.
Yo abrí los ojos como platos, pero como ya nos íbamos no me quedó más que ofrecerle una sonrisa.
Pasamos los barandeles y entramos al parque. Allan seguía con una sonrisa de ganador.
— ¿Por qué le dijiste a esa señora que somos novios? —pregunté frunciendo el seño.
Dirigió su mirada hacía mí.
— Diversión. —respondió encogiéndose de hombros, dejándome completamente confundida.
¿Qué significa eso?
De un momento a otro dirigí mi puño con a su hombro, dándole un buen golpe.
No somos, no fuimos y jamás seremos novios.
— ¡Au! ¿Y eso por qué? — dijo haciendo una mueca de dolor.
— Diversión. —me encogí de hombros con una sonrisa.
— Bien jugado querida Rachel. — respondió con malicia.
De allí, pasamos unas horas geniales, subimos a la montaña rusa, donde grité demasiado, fuimos a las carpas de juegos, comimos comida chatarra de feria y jugamos en los carritos chocones.
Entramos a la cabina de fotos y nos sentamos en la banca, empezamos a tomar las fotos, con la lengua afuera, caras raras y para la última Allan pasó su brazo por mi hombro y ambos sonreímos.
Al salir cada uno se quedó con una copia de las fotos.
Por último decidimos hacer la fila en la rueda de la fortuna. Al llegar, los puestos eran para tres personas, así que estuvimos Allan y yo sentados con un niño de más o menos cinco años en medio de nosotros.
Era algo extraño ya que parecía estar solo, sin sus padres.
Su cabello estaba lleno de rizos color cobre, ojos verdes esmeralda y mejillas rosadas.
Subimos y la rueda empezó a andar. Al llegar a la parte más alta de veía todo Miami, la playa y los hermosos edificios.
El niño de tapó los ojos y se acurrucó hacia mí. Allan no pudo evitar sonreír y yo tampoco.
— Tengo miedo, está muy alto. —susurró el pequeño.
— ¿Cómo te llamas campeón? —le preguntó Allan.
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Problemas de Amor® CANCELADA
RomantikRachel Helberg, hija de los exitosos empresarios multimillonarios Bruce y Ellen Helberg, cambia su "perfecta" vida en Atlanta por una aventura completamente nueva en Florida. Allí Rachel conocerá al egocéntrico, rebelde, narcisista y por desgracia c...
