Prólogo
Anahí DePiero salió del palazzo fuertemente agarrada de la mano de su hermana mayor. Aunque tenía doce años, y Serena catorce, seguían protegiéndose mutuamente. Su padre estaba ese día de peor humor que de costumbre. El coche esperaba junto a la acera y el chófer uniformado junto a la puerta abierta. Los guardaespaldas no andarían lejos.
Un hombre de cabellos oscuros, que parecía haber surgido de la nada, impidió el paso de su padre. Gesticulaba mucho y le llamaba Papà. Anahí y Serena también se detuvieron y los robustos guardaespaldas se interpusieron entre ellos y el joven.
Anahí apreció de inmediato la semejanza entre ese hombre y su padre. Poseían el mismo corte de cara y la misma forma de los ojos. Pero ¿cómo podían estar emparentados? De repente se oyó un crujido y el joven cayó al suelo levantando la vista con el espanto reflejado en sus ojos y la sangre chorreando de la nariz. Su padre lo había golpeado.
Anahí se agarró con más fuerza a Serena. Su padre se volvió hacia ellas y les hizo un gesto furioso para que lo siguieran. El camino era tan estrecho que tuvieron que saltar por encima de las piernas del joven. Anahí estaba demasiado asustada para mirarlo.
Apresuradamente se sentaron en el asiento trasero del coche y Anahí oyó a su padre dar unas cortantes indicaciones a sus hombres.
Y entonces se oyó el grito del joven caído en el suelo.
–¡Soy Rocco, tu hijo, tu bastardo!
Su padre entró en el coche que arrancó de inmediato, pero Anahí no pudo resistir la tentación de mirar atrás. Los hombres de su padre retiraban al joven a rastras.
–¿Qué estás haciendo? –su padre la agarró fuertemente del lóbulo de una oreja y la obligó girar la cabeza hasta mirarlo.
–Nada, papá.
–Me alegro, porque ya sabes lo que sucederá si me enfadas.
–Sí, papá –asintió Anahí.
Tras un largo y tenso momento, su padre les dio por fin la espalda. Anahí sabía muy bien lo que sucedía cuando enfurecía a su padre. Castigaría a su hermana, Serena. No a ella, a su hermana. Era lo que más le divertía hacer.
Anahí no miró a su hermana, pero mantuvieron las manos firmemente unidas durante el resto del trayecto.
PD: SOLO QUIERO ACLARAR QUE ALFONSO NO ES ROCCO EN UN FUTURO QUERIENDOSE VENGAR. ESTE PROLOGO ES MAS O MENOR PARA TENER UNA VISION DEL CARACTER DEL PAPA DE ANY E DE ELLA.
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PERDON SIN OLVIDO
RomanceADAPTADA, ADAPTADA, ADAPTA PORTADA: CREDITOS A @AYA.MYM ( INSTAGRAM )
