Capítulo 1
A Alfonso Xenakis no le gustaba la fuerte sensación de triunfo que lo invadía. Significaba que ese momento era más importante de lo que le gustaría admitir. A fin de cuentas estaba a muy poca distancia de la mujer que prácticamente lo había acusado de violarla solo para proteger la inmaculada imagen que cultivaba ante su padre. Por su culpa había perdido el trabajo y había sido incluido en la lista negra de todos los hoteles de Europa.
Sus cabellos, recogidos en un moño, eran tan rubios que resplandecían casi blancos bajo la suave luz de los candelabros. El porte seguía siendo tan descuidadamente regio como la primera vez que la había visto en aquel salón de baile de París. Era un pura sangre rodeado de seres inferiores y las mujeres la ignoraban, como si fuera una competidora.
Alfonso recorrió su rostro con la mirada. La línea patricia de la nariz no dejaba lugar a dudas sobre su aristocrática cuna italiana, diluida en parte por una madre medio inglesa. Tenía la piel fina y suave, como un pétalo de rosa.
Una piel que había acariciado con reverencia, como si se tratara de una diosa, como si la estuviera marcando, mancillando con sus dedos. Con los puños fuertemente apretados recordó cómo ella lo había animado a continuar con sensuales jadeos.
–Por favor, tócame, Alfonso.
Y luego lo había rechazado, acusándolo de atacarla.
En ese instante ella se volvió y lo miró, y la ira despertada por el recuerdo se concentró en un torrente de sangre que se instaló en su cabeza y su entrepierna. Imposible escapar al impacto de los enormes y resplandecientes ojos azules bordeados por unas negrísimas pestañas. Sin embargo, lo que atrajo su mirada fueron los labios, pecaminosamente sensuales y rosas. Unos labios que pedían a gritos ser besados. En un segundo Alfonso quedó reducido a un puro instinto animal y odió a esa mujer por lo que le hacía. Siempre la odiaría.
No, se corrigió, siempre no. Solo hasta que consiguiera saciarse de ella. Hasta que terminara lo que ella había empezado. Se lo había hecho por aburrimiento, por curiosidad. Porque había tenido el poder para hacerlo. Porque él no era nada.
Pero las tornas habían cambiado. Él ya estaba lejos de ser un don nadie y, gracias a un cruel giro del destino, Anahí DePiero había caído más bajo de lo que él había estado jamás, tornándola vulnerable... ante él.
La rubia cabeza desapareció momentáneamente de su vista y Alfonso sintió contraerse las entrañas. No le gustaba sentir el interés de los demás hombres hacia ella. Le hacía sentirse posesivo, y no le gustaba.
Anahí DePiero avanzaba entre la gente con cuidado de no derramar el contenido de la pesada bandeja cuando un robusto torso a la altura de sus ojos la obligó a parar.
Levantando la vista contempló al gigante de anchos hombros vestido de frac. A punto de abrir la boca para disculparse, la mirada se posó en su rostro y se quedó helada.
Alfonso Xenakis.
Lo reconoció de inmediato y el efecto fue devastador. Era como si no hubieran pasado más que escasos minutos, y aun así habían sido cinco años.
Enseguida percibió la expresión de odio en sus ojos y sintió que el estómago se le agarrotaba. De todas las personas a las que podría haberse encontrado en su nueva vida, nadie sacaría mayor rendimiento que Alfonso Xenakis. ¿Y acaso podría recriminárselo?
–Vaya, vaya, vaya.
La voz, tan dolorosamente familiar, apretó un poco más el nudo de su estómago.
–Qué gracia encontrarte aquí.
Anahí sentía la mirada deslizarse lentamente por el uniforme de camarera. Sentía una corriente eléctrica recorriendo sus venas, vibrante e inquietante.
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PERDON SIN OLVIDO
RomanceADAPTADA, ADAPTADA, ADAPTA PORTADA: CREDITOS A @AYA.MYM ( INSTAGRAM )
