Capítulo 8
Conducir el deportivo le permitía a Alfonso mantener la mente y las manos ocupadas. No quería quedar nuevamente en evidencia demostrando que era incapaz de pasar siquiera unos minutos sin tocarla.
Pensó en la bomba interna que había detonado ella al preguntarle si quería tener hijos. No era la primera amante que le había preguntado si deseaba ser padre, y él siempre había reaccionado con una mirada fría y terminando fulminantemente la relación. Sin embargo, ante la pregunta de Anahí había sentido algo muy inquietante, pero no el habitual rechazo que solía provocarle. ¿Había hecho algo que le hubiera dado pie a hacer la pregunta? ¿Sabía ella que una semana no bastaría, que iba a desear más?
En ese momento, Alfonso sí se había sentido como Pip persiguiendo a una hermosa e inalcanzable Estella, condenado para siempre al fracaso.
Necesitaba mantener las distancias, como había empezado a hacer en París. Demasiadas cosas le inquietaban: el comentario de Anahí sobre sus motivos para comprar el hotel, el creciente deseo que sentía por ella, y la manera en que le interrogaba sobre su familia.
Parte del rechazo juvenil de Alfonso hacia su familia había resurgido tras la humillación sufrida en París años atrás. Su marcha de Europa había sido precipitada, y sabía que a sus padres les había disgustado. Jamás habían comprendido su deseo de triunfar, su miedo irracional a no conseguirlo en una ciudad pequeña, sobre todo tras la muerte de Spiro.
Alfonso se recordó que la suya no era una relación como cualquier otra. Con otras amantes solía hacer un esfuerzo, hablaba de naderías y se mostraba ingenioso y encantador. Pero con Anahí sentía la necesidad de alcanzar una meta, curar la fiebre, exorcizar los demonios. Y muy convenientemente ignoró el hecho de que no parecía estar más cerca de esa meta que unos días atrás.
Un par de horas después, Anahí tenía los pies doloridos por culpa de los altos tacones. Se preguntó qué pensaría Alfonso si supiera que, en contra de la opinión que tenía de ella, habría dado un brazo por no volver a asistir a esa clase de fiestas. Un hombre alto y de cabellos oscuros se acercó a Alfonso que lo saludó efusivamente con una encantadora sonrisa que Anahí jamás había visto en su rostro.
–Te presento a Rafaele Falcone –le presentó–, de Industrias Falcone. Acaba de mudarse a Londres para expandir su dominio en la industria del motor.
A Anahí no le resultaba desconocido el nombre y, sonriendo, le estrechó la mano a ese hombre, tan alto y robusto como Alfonso. Tenía unos preciosos ojos verdes y ella tuvo fugazmente el deseo de sentir algo por él que le demostrara que Alfonso no dominaba todos sus sentidos. Sin embargo, al estrechar su mano no sintió nada.
–Si te aburres con Xenakis –la saludó el otro hombre con una radiante sonrisa–. Llámame.
Coqueteando descaradamente con ella, le ofreció una tarjeta y ella sonrió divertida. Alfonso alargó una mano y la tarjeta desapareció entre sus dedos antes de que le rodeara la cintura con un brazo y la atrajera hacia sí.
–Te llamaré, Xenakis –Rafaele alzó las manos en gesto de rendición–. Me interesa saber qué tal te ha ido ese negocio, y el mes que viene voy a lanzar un nuevo coche que creo que te gustará...
La mirada de Rafaele se posó en Anahí que se ruborizó intensamente.
El otro hombre se marchó y Alfonso, lívido, se volvió hacia ella, que dio un paso atrás.
–Ni se te ocurra.
–¿El qué? –preguntó ella confusa.
–Falcone está fuera de los límites.
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PERDON SIN OLVIDO
Roman d'amourADAPTADA, ADAPTADA, ADAPTA PORTADA: CREDITOS A @AYA.MYM ( INSTAGRAM )
