Capitulo 11

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Capítulo 11

Rubí

Me fui lo más rápido de ese lugar, no compré la cinta, solo fui a mi casa. ¿Cómo rayos me reconoce? ¿Quién era? ¿Por qué sabe que soy yo?

Las preguntas me atormentaba, mi pulso se aceleraba con cada paso que daba. Llegué a mi casa, Vera seguía empaquetando cosas. Más tarde llegaría la mudanza y no quería perder más tiempo, ese señor me conocía, no sé de donde, o cuales son sus intenciones, según lo que dijo llevaba tiempo buscándome... Y eso me aterraba.

—¿La cinta? —Me pregunta Vera.

—No la traje... —Susurro, las manos me empezaban a temblar, no sabía a qué le temía exactamente, solo me sentía así. Vera se acerca preocupada a verme.

—¿Qué pasó?

—Alguien intentó hacerme daño... —Miento, Vera me envuelve en sus brazos y solo tiemblo... Como si en ese momento sabía lo que pasaría, que lo que sucedería a continuación me atormentará durante muchísimo tiempo.

*

Nos mudamos, la casa de Vera no era grande, era grandísima, tal vez yo la veo así porque siempre he vivido en un cuchitril, pero estaba fascinada. Las paredes eran de un blanco impecable y las habitaciones estaban frente a frente pasando por el pasillo.

—Vamos a comprar algo para la cena. ¿Qué te parecen los macarrones con queso?

—Amo los macarrones con queso.

Nos dirigimos a la tienda, la tienda estaba a una 7 cuadras. Vera se encuentra con un amigo y se queda conversando, mi estómago gruñe y decido ir a la tienda sola, me da las indicaciones para llegar e inicio la caminata, camino tranquilamente, las calles están vacías, las luces iluminan el sendero brindando confianza... Pero sentía algo, una presencia caminaba detrás de mí, mi pulso se comenzaba a acelerar, y empecé a avanzar más rápido, escuchaba sus pasos, las manos me empezaban a sudar, tal vez solo estaba alucinando. Intentaba no alejarme de la luz, la desesperación me estaba ganando. Los pasos se oían más cerca, justo en ese momento veo la tienda en frente mío, un alivio me recorrió el cuerpo y entro casi volando.

Cuando pase por la entrada un pitido me recibe y el de la tienda es avisado de que entré, me concentro en buscar los macarrones con queso pero el pitido vuelve a sonar, avisando de que alguien entro. —¿Y si es el que me está siguiendo?— No puede ser, no creo que sea tan ingenuo para entrar a una tienda con seguridad, intento relajarme pero cuando me acerco a pagar, el cajero no está.

Mierda

Las luces en un instante se apagan y las pisadas de una persona se acercan lentamente, intentó correr a la salida pero todo está cerrado, pateo la puerta con fuerza pero no cede.

—Tranquilízate Cristal, no te haré daño. —La voz resuena por toda la tienda, los escalofríos recorren mi cuerpo pero no me puedo mover, estoy petrificada con su presencia.

—No soy Cristal... —digo en un susurro. Suelta una carcajada y giro lentamente para verle la cara, pero me es imposible por la abundante oscuridad. Cada vez se acerca más a mí, la cercanía hace que note que apesta a cigarro, no sé quién es, o cómo podría reconocerme.

—Y tu hermano, está vivo. —dice sarcástico—. ¿Sabes? Llevamos años buscándote, llegaste justo a tiempo. Él te ha estado esperando.

Se acerca cada vez más a mí, quedo contra la pared, su aliento me golpea la cara, haciendo que quiera toser, pero me quedo quieta, no me puedo mover ni un centímetro, su mano acaricia mi rostro, aparto la cara con desprecio y lo empujo.

Sed de venganza [Libro #1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora