En los veinte minutos que llevan de camino, Said no ha parado de decir lo guapa que luce Giin, a lo que ella responde con sonrisas bobas.
-¿Música? -pregunta él poniendo la radio. Giinay asiente y escucha.
Al parecer es una emisora para un público de mayor edad, pues es Pedro Guerra cantando Oasis lo que se escucha. Él estira su mano al estéreo con la intención de conectarlo al audio de su celular, pero ella le detiene y comienza a cantar al mismo tiempo que lo ve conducir.
Las palabras no solo definen, hay canciones que guardan misterios.
Cuando me llamaron, no escuche el mensaje.
Cuando yo lo quise, no me respondieron.
Poco, mucho, algo, casi casi nada, no siempre se juntan todas las miradas
El chico se percata de que ella lo está viendo y le mira también. Directo a los ojos. La canción prosigue, pero ellos no se inmutan hasta que el coche de atrás le hace saber que el semáforo cambió a verde. Ella ya no canta, tararea por lo bajo.
-Es bastante irónica nuestra situación, pero ¡hey! No te detengas, tiene una voz preciosa.
-Gracias, solo me ha emocionado. -Sí, se emocionó, pero también es cierto que heredo la melodiosa voz de su padre.
-¿Cantarías para mí?
-Emmm, nop. Escuchar mi bella voz de gato atropellado es un privilegio del que solo goza Cécile, y Elian cuando quiero hacer fastidiar. Me temo que te dejaré con las ganas.
-Espero que solo de escucharte cantar.
Giinay no puede evitar reírse. En ese aspecto, Said y Elian se parecen tanto: son tan descarados. El hermano de la castaña solo ha tenido una relación seria que apenas llegó a los dos meses; en cambio, su amigo duró seis meses en su única relación formal. Ellos son más de los que prueban y va por la siguiente.
A pesar de conocer eso, Giinay sigue interesad en él. Así de irónicos somos los humanos, o tal vez es el amor que la tiene tan cegada.
-¿A dónde vamos? -pregunta ella después de pasar por el último puente de la avenida principal.
-Si te digo, la sorpresa se acaba -Said sonríe haciendo que se le marquen los hoyuelos y sus ojos azules se achiquen un poco ¡Vaya que es guapo!
-Hummm, ¿seguro que no me quieres secuestrar?
-La verdad lo he considerado un par de veces -dice serio-, pero privar a la ciudad de tu belleza sería cometer un gran pecado; además no me gustaría ser golpeado por tu hermano -agrega riendo.
En un primer momento ella no está segura de como contestar a eso ¿debería asustarse? ¿sentirse alagada? Al final, gracias a la risa de Said, opta por el sarcasmo.
-Apuesto que tu rostro bonito quedaría desfigurado.
-Secundo tu teoría, es mejor si lo dejamos así.
-Ok, pero ya dime ¿a dónde vamos? -la voz de la cordura le dice a Giin que no se confíe tanto.
-No me hagas arruinar la sorpresa, falta poco para llegar.
-¿Seguro? -esa vocecilla sigue hablando.
-Que poco confías, ya te he dicho que es una sorpresa y no tengo intensiones de arruinarla -termina en tono firme.
-Ok -contesta resignada.
La radio sigue sonando, y tal parece que los dos han reconocido los primero compases de la canción que suena. Ella sube el volumen casi al máximo y los dos comienzan a cantar.
ESTÁS LEYENDO
La libreta de Giinay
DiversosEs extraña la manera en que la cosas pueden ocurrir y poner de cabeza tu mundo sin siquiera lo notes; haciéndote un extraña a quienes en verdad te conocen.
