Mariel se tenía que quitar las garras de ropa que vestía, tenía que estrenar su nuevo vestido azul cielo y actuar como la dama más refinada de parís e incluso mejor, había recibido esa orden de su padre, justo después del fuerte regaño casi tunda que este le propino por haber olvidado la fecha tan especial, era esa gran cena que tenia al Rey y Príncipe de la nación vecina como invitados de honor y de ella dependía conservar la paz entre los reinos pues la relaciones habían sido tensas, la princesa sabía esto a la perfección y no sólo se trataba de evitar una guerra se trataba de evitar perderla pues el ejercito del reino aledaño superaba al menos 5 veces las fuerzas locales, y por ello Mariel cumplía las ordenes de su padre sin chistar, él esperaba que luciera toda su belleza y precisamente sus damas de compañía estaban haciendo todo lo que podían para ello, logrando buenos resultados, unas cuantas sombras de colores llamativos en los ojos, enchinar las ya grandes pestañas y pintar los carnosos labios de rojo, retiro de su cajita dos aretes de oro solido barrocamente adornados y los esbozo junto con unos tacones y su pomposo vestido todo en conjunto la hacía lucir más adulta, mas voluptuosa, más preparada para el coito, la hacía ver más una mujer que una niña. Justo como le gustaba a su padre.
Lo había logrado a pesar del poco tiempo que dispuso para hacerlo, le dieron el último toque rociándola con fragancias de rosas, flores y demás, entonces dio marcha hacia el comedor real pues ya llegaba con unos minutos de retraso.
Entro caminando con elegancia, le habían reservado un lugar justo a la izquierda del Príncipe extranjero, espero como una dama mimada a que este le tendiera la silla y se sentó grácil y dócilmente, era una situación especial, inclusive su hermano mayor, el perfecto general se había tomado un descanso del ejercito para acudir a ese evento, un chico de facciones masculinas frondoso de cabellos negros rizados largos hasta la mejilla, más parecido a su madre que a su padre el cual era rubio, lucia ojos oscuros y como Mariel siempre lo había considerado; llenos de malicia. Reposaba sentado aun enfundado en su armadura de combate negra con metales plateados, con su espada a la orden.
Directamente a su derecha se encontraba el príncipe vecino, un flaco enclenque pecoso que tenía un flequillo castaño de pelo bastante más largo de lo normal, un corte de pelo ultramoderno distinguido por el caro y elegante traje blanco que vestía, otro asiento a la derecho ubicaba al Rey extranjero, un señor muy parecido a su propio padre, casi cortados con la misma tijera, gordo de las extremidades hinchado de la panza y con gran papada y barba, pero todo con y vestido con estilo pero se diferencia por sus largos cabellos castaños en lugar de rubios, el señor se ubicaba en uno de los estrechos de la mesa rectangular mirando fijamente al Rey local en el otro extremo, los demás asientos eran rellenados con nobles y altos militares provenientes de ambos reinos.
Al sentarse le ovacionaron como si la estuviesen esperando, ella sonrió hipócritamente tomo un brindis, fingió estar encantada con el extranjero a su derecha, estaba teniendo un excelente desempeño como princesa, la conversación de los reyes y nobles se desviaba desde economía hasta el tema del momento; Sombra Roja
Después de la suculenta cena, los dos Reyes como si fueran cómplices del mismo secreto, decidieron revelarlo al unisonó, el padre de Mariel alzo su copa de vino tinto en el aire —Un brindis por mi preciosa hija que hará posible la paz perpetua entre nuestros reinos, y la unión para convertirnos en una sola nación, mucho más poderosa y prospera.
El otro Rey alzo su copa también esbozando la más sincera de las sonrisas de satisfacción, Mariel hizo lo mismo en respuesta obligada, sin saber de que estaba orgulloso su padre exactamente, pudo notar que todos inclusive su hermano; el cual siempre estaba mejor informado en política, estaban igual de confundidos, estaba bebiendo su vino todavía con confusión cuando sintió la cálida mano del castaño tomando cariñosamente la suya, se lo imagino de inmediato, pero se negaba a creerlo, entonces observo al chico directamente a los ojos, de inmediato supo que él no era bueno, Joshua no era bueno, en lo más mínimo, la malicia de sus ojos superaba con creces a la de su hermano mayor, su cariñosa sonrisa desprendía pura maldad, ella lo sabía.
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Mariel la princesa trofeo
RomantizmMariel siempre ha sido una chica hermosa, sin embargo esto no le trae más que desgracias pues todos a su alrededor la ven como un objeto sexual, un día encontro a un chico diferente pero sus deveres como princesa la llevan a los brazos de Joshua un...