Capitulo VIII

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—Tal vez podríamos concretar nuestra alianza pactando un matrimonio, tengo entendido que usted tiene una hija menor que sigue soltera mi señor. — Joshua escudriñaba atentamente cada palabra que salía de la boca de Roberto.

— Pero tiene nueve años   — protesto el Rey Curiel

— Todavía mejor, su virginidad está asegurada y resultara mucho más tierna

<<Es obvio que Roberto era Sombra Roja, no el otro débil e ingenuo chico, era sólo una cortina para realizar sus asesinatos políticos, matando a todo aquel que se oponía a que heredara el reino, revise bien la lista de homicidios>> Ingeniaba el astuto Joshua mientras escuchaba la conversación.

Los tres compartían un solo carruaje de camino a casa, Joshua parecía estar distante, mirando a través de la ventana, pero sabía que Roberto planeaba algo, sin embargo desde pequeño su padre le enseño que un trato era un trato, si un hombre no tiene palabra es una sabandija sin honor, y ya su padre le había prometido confianza a Roberto, había una especie de hueco en el contrato, aunque su padre confiara plenamente en el príncipe enemigo él no tenía la necesidad de hacerlo, ya había cumplido la mayoría de edad y las promesas de los demás no tenían porque incluirlo.

— Bueno, supongo que podemos planear una boda — Aprobó el Rey Curiel

— Podemos comprometernos esta misma noche, Cuanto antes mejor  — Joshua tenía ganas de golpearlo, con esa prisa, seguro tramaba algo, algo horrible, pero tenía que respetar la palabra de su padre, la sentía como una cadena asfixiándolo.

***

Se había deleitado de castigar a su esclava con jubiló, había buscado y rebuscado maneras nuevas de golpearla y castigarla, ya le había pasado el Látigo por cada centímetro del cuerpo a excepción del rostro, cuya belleza no se atrevía a desfigurar, el castigo que aplicaba en ese momento consistía en azotarle la planta de los pies con una vara bastante delgada, la coloco acostada boca arriba en el suelo, encima de sus propias manos atadas a la espalda con una cadena y con ambas piernas juntas y encadenadas hasta que sobresalían los pies por los barrotes de la parte alta de la jaula.

Ya no chillaba con los azotes ni emitía gritos apagados de dolor, había entrado en una especie de hipnosis, o trance en blanco por el dolor, pero Joshua pudo notar un pequeño pero extraño movimiento que hacia la princesa, restregando el culo contra el suelo de la jaula de arriba abajo, por consiguiente moviendo una cadena que le pasaba por la entrepierna tallándosela de esa manera; <<Se está masturbando>> Concluyo el príncipe. Retiro el plato metálico para perro en el que había defecado, estaba reluciente de limpio, pero le había costado mucho limpiarlo, tanto que Mariel vomito varias veces. Y a él le dolía la mano de tanto azotar.

Echo un vistazo de nuevo a lo que estaba haciendo y sonrío orgulloso, decidió detener el castigo e irse a dormir. La desato parcialmente y la dejo en una posición un poco más cómoda y segura, con las piernas atadas pero en el suelo

Mientras estaba en la cama sintió ese calor en el pecho aquello que puede ser fácilmente confundido con amor, teniendo tantas ganas de torturar a una mujer,  había pervertido a la mujer más hermosa que sus ojos habían observado desde cero, aquello le resultaba tan hermoso y digno de tanto orgullo aun más, mañana mismo se iba a casar con ella, la poseería para siempre <<Qué afortunado­ soy>> Sonrío.

Esa mañana despertó lleno de emoción, los rayos de luz entraban deslizándose suavemente por la ventana era un hermoso día, viro su cabeza a un lado y observó; Mariel dormía como un bebe, como un bebe desnudo y atado con cadenas.

Empezó a vestirse para su gran día, un traje blanco como la leche y lujoso como sólo un rey podría pagar. No podía evitar esbozar una gigantesca sonrisa mientras se abrochaba el elegante moño negro al cuello, pero tenía que hablar con su padre antes de la boda, sobre Roberto de nuevo.

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⏰ Última actualización: Jan 10, 2013 ⏰

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Mariel la princesa trofeoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora