En el Infierno
Ante los ojos de Freezer se extendía un campo absurdamente hermoso, cubierto de flores de colores imposibles. En el centro se alzaba un árbol gigantesco, y dentro de un capullo rosado, como si fuera una burla eterna, se encontraba el Emperador Freezer. A su alrededor, peluches sonrientes y pequeñas hadas giraban y bailaban sin descanso, entonando canciones infantiles que perforaban su paciencia.
Freezer apretaba los dientes, temblando de furia contenida.
Al otro lado del árbol, en un recuerdo que se repetía una y otra vez…
Cooler estaba frente al saiyajin Goku.
Sin dudarlo, lanzó una ráfaga de energía que partió el aire. Luego se elevó, concentrando su poder en una supernova que brilló como una estrella condenada. Con un grito de guerra, la lanzó directo contra el saiyajin.
Pero Goku no retrocedió.
Con un rugido, desvió la supernova y la devolvió con una fuerza aún mayor. La explosión envolvió a Cooler, arrastrándolo sin control hacia el vacío, directo al sol.
—¡¡¡Cooler!!! —la voz de Freezer resonó, furiosa y desesperada—. ¡¿Ya pensaste en algo para escapar de aquí?!
Cooler despertó bruscamente.
Abrió los ojos y lo primero que vio fueron esos estúpidos peluches bailando, mientras la voz de su hermano seguía gritándole desde el capullo.
—¡Ya cállate, imbécil! —rugió Cooler—. No estaríamos aquí si alguien hiciera bien su trabajo.
—¿¡Qué!? —respondió Freezer, indignado—. ¡Tú eres el idiota que fue vencido por un saiyajin, aun teniendo una forma más que yo!
Cooler apretó los puños, conteniendo su rabia.
—Cierra la boca —dijo con desprecio—. Será mejor que te duermas. Al menos así no tendremos que escuchar estas canciones estúpidas.
El infierno, cruel como siempre, siguió riéndose de ellos.
Un año después de la batalla contra Bills
Año 779 – Septiembre
Casa de Gohan – Patio
El sonido de los golpes rompía el silencio del patio.
Piccolo avanzó con rapidez, intentando conectar un ataque directo, pero Gohan esquivó con precisión, sujetó el brazo del namekiano y, con un giro limpio, lo estrelló contra el suelo.
El polvo se levantó.
Piccolo respiraba con dificultad. Gohan, en cambio, seguía firme, apenas agitado.
—Creo que será suficiente por hoy —dijo Gohan, extendiendo la mano.
Piccolo la observó unos segundos antes de aceptarla. Gohan lo ayudó a levantarse y ambos se dirigieron al interior de la casa.
Antes de entrar, Piccolo habló:
—Oye, Gohan… dime, ¿cuándo piensas ir a entrenar con ese ángel, Whis?
Gohan pensó un momento.
—La verdad, quería hablar primero con Videl. Además, tengo entendido que Vegeta y su hermano tarble empezó a entrenar con el señor Whis hace tres meses.
—Lo sé —respondió Piccolo mientras se sentaban—. Pero fuiste tú quien sugirió que Whis entrenara a Vegeta y¿no?
Piccolo lo miró con seriedad.
—Me preocupa que estés desaprovechando una oportunidad. No todos pueden entrenar con un ser de ese nivel.
—Lo sé —admitió Gohan—. Pero primero debo arreglar algunas cosas. No te preocupes, me dio un aparato para comunicarme con él cuando esté listo.
En ese momento, la voz de Milk se escuchó desde la cocina.
—¡Gohan, ven! ¡El almuerzo ya está listo!
Videl ya estaba poniendo la mesa.
—¡Ya voy! —respondió Gohan.
Luego sonrió y miró a Piccolo.
—Vamos, señor. Tengo un hambre terrible.
—Hmph —respondió Piccolo—. Recuerda que yo solo tomo agua.
Planeta de Bills
—Vamos, peleen —dijo Whis con una sonrisa tranquila—. ¿Eso es todo lo que puedes hacer? ¿Acaso no quieren superar al señor Bills?
