torneo de champa: saiyajins

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Vegeta permanecía en el centro del ring, inmóvil, con los brazos relajados a los costados. Su ki seguía estable, dominante, esperando al siguiente oponente.

Naz, aún adolorido, se retiraba escoltado, riendo entre toses, sin dejar de mirar hacia atrás.

-No he terminado... solo aprendí -murmuró antes de desaparecer del campo de visión.

En las gradas del Universo 6, Champa apretó los colmillos con furia.

-Tch... -chasqueó la lengua-. Bien, ya basta de juegos. Es hora de enviar a-

No terminó la frase.

Una silueta saltó al ring con violencia, rompiendo el suelo al caer. El impacto hizo vibrar la plataforma y una oleada de energía salvaje se expandió como una tormenta.

-¡¡¿Qué demonios haces?!! -rugió Champa-. ¡¡Hija de pu...!!

Gripi se irguió lentamente, el cuerpo tenso, los músculos marcados, mientras su aura estallaba en una transformación brutal. Su energía cambió de forma, más densa, más peligrosa, alcanzando su última fase. El aire parecía crujir alrededor de él.

Vegeta alzó apenas una ceja.

-Hmph.

Gripi sonrió, una sonrisa amplia, casi enfermiza, llena de emoción pura.

-Vamos, saiyajin -dijo, con la voz cargada de entusiasmo y un deseo casi obsesivo-. Pelea conmigo. Quiero sentirlo... quiero romper mis límites, evolucionar enfrentándote.

Dio un paso al frente y el ring volvió a temblar.

-No me importa ganar o perder... solo quiero probar ese poder.

Vegeta giró ligeramente el cuello, como aflojando los músculos antes de un entrenamiento.

-Otro que confunde orgullo con hambre -respondió con frialdad-. Si saltaste aquí... más te vale resistir.

Las auras de ambos chocaron en el aire sin que se tocaran aún, levantando escombros y arrancando grietas del suelo.

Desde lo alto, Champa apretó los puños, furioso.

-Maldito idiota... -gruñó-. Iba a enviar a Hit.

Pero ya era tarde.

El combate había comenzado incluso antes del primer golpe.

Gripi salió disparada como una bala, el suelo explotando bajo sus pies. Su puño avanzó con furia pura, cargado de energía salvaje, pero Vegeta lo detuvo con la palma abierta, sin siquiera retroceder. El choque liberó una onda de impacto brutal que barrió el ring, levantando polvo, fragmentos de roca y ráfagas de aire que sacudieron todo el estadio.

-¡Ja! -rió Gripi, excitada, con los ojos brillando de adrenalina.

Sin darle respiro, lanzó otro golpe, luego otro, y otro más. Sus ataques eran rápidos, impredecibles, una mezcla caótica de fuerza y hambre de combate. Vegeta se movía entre ellos con precisión quirúrgica: giraba el torso, inclinaba la cabeza, daba un paso exacto. Cada esquiva era mínima, calculada, humillante.

Patada alta. Vegeta se agachó. Barrida. Vegeta saltó. Puño directo al pecho. Vegeta lo desvió con el antebrazo.

Entonces, en un parpadeo, contraatacó.

Su puño se hundió directo en el rostro de Gripi con un sonido seco, ensordecedor. El impacto deformó el aire a su alrededor y la lanzó varios metros hacia atrás, girando sin control antes de estrellarse contra el ring.

Pero Gripi rodó, clavó una mano en el suelo y se impulsó de inmediato, riendo.

-¡Eso es! ¡Eso es lo que quiero!

Gohan el sucesor de GokuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora