Capítulo 3
Después del enfrentamiento con Alfonso, Anahí decidió que no se iba a quedar de brazos cruzados esperando a que los hombres del pueblo se organizaran. Ella sería la primera en lanzar una poderosa ofensiva.
Lo primero que hizo fue anunciar en los principales periódicos de la zona la gran inauguración de su restaurante. Todos los periodistas con los que contactó le pidieron una entrevista y ella aceptó encantada. Este tipo de promoción sería bueno para su incipiente negocio.
Envió a su personal a distribuir hojas de menú por todos los comercios locales, fundamentalmente aquellos frecuentados o dirigidos por mujeres.
La siguiente fase fue meterse en la cocina y ponerse a preparar pequeños platos de degustación para distribuirlos a personas de interés.
Envió comida a las propietarias de las tres peluquerías de la zona, a varias tiendas de ropa y a la agencia de viajes.
También le hizo llegar un regalo a Leta Martin, quien se encargaba de llevar los libros en la tienda de su marido. No la encontró en la oficina, así que le dejó una caja con una nota que decía: «Saludos de El palacio de Anahí».
También le envió un delicioso plato a la mujer de Wade, el primo de Alfonso. Wade y Laura habían llegado recientemente de su luna de miel.
Su último envío fue para su casera, Idabelle Witham. Idabelle había sido, durante muchos años, empleada de Correos, y conocía con detalle las relaciones que se establecían en el pueblo. Idabelle podía ayudar a Anahí a entrar en contacto con otras mujeres que hicieran presión para que su negocio fuera un éxito.
Cuando Anahí llamó a su puerta, Idabelle abrió casi inmediatamente.
—Hola, ¿cómo estás, Anahí? ¿Qué tal van las obras?
—Está todo prácticamente terminado —le dijo Anahí y le ofreció la bandeja de comida—. Me gustaría que probaras esto y que me dieras tu sincera opinión.
Idabelle la guió hasta el comedor.
—¿A qué se debe este servicio gratuito de entrega de comida? —preguntó la mujer mientras dejaba la bandeja sobre la mesa y servía un poco de té frío.
—He decidido lanzar una campaña promocional después de haber recibido una desagradable visita. Los hombres del pueblo me enviaron un portavoz que me amenazó con que, si no volvía a los antiguos menús y a las horas de siempre, conseguirían hundir mi negocio.
Idabelle gimió molesta.
—¡Eso me suena a que algunos de los viejos cascarrabias de siempre quieren llevar la voz cantante aquí! —dio un bocado al manjar que Anahí había preparado—. Esto está delicioso. ¿Dónde aprendiste a cocinar así? Porque sé que tú trabajabas en la cocina con tus padres, haciendo pollo frito, patatas y hamburguesas.
—Estuve en una escuela de cocina durante los veranos de universidad —le contó Anahí—. Me gusta cocinar tanto como llevar un restaurante. Por desgracia, los hombres de esta ciudad no parecen estar dispuestos a darme una oportunidad. Me enviaron a Alfonso para que me «convenciera» de que hiciera lo que me pedían.
Idabelle se rio.
—Supongo que le diste su merecido —dijo la mujer y Anahí asintió—. Me alegro mucho. Alfonso necesita que le den un escarmiento. Ese chico lo ha tenido siempre muy fácil en lo a mujeres respecta. No me mal interpretes. Es un hombre estupendo, trabajador por demás y todo eso. Pero las mujeres siempre han ido a él con desmedido interés. Tú eres exactamente lo que él necesita. Eres fuerte, luchadora e inteligente.
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Una trampa para ella
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