Capítulo 1

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Capítulo 1

Alfonso suspiró pesadamente, mientras atravesaba la ciudad en su camioneta roja. Aunque era solo mediodía, ya estaba agotado. La tormenta de la noche anterior había provocado el caos en su rancho y en el de sus primos. Se había pasado toda la noche a caballo, persiguiendo a una manada de vacas en estampida.

Estaba cansado y hambriento, pero tenía que comprar alambrada para reponer la que el ganado había pisoteado.

Con los vaqueros, la camisa y las botas llenos de barro, aparcó en el único espacio libre que quedaba y entró en la tienda de provisiones para granjas de Wes Martin. Frunció el ceño al entrar. Saludó a sus vecinos y pensó que aquello parecía más una convención de granjeros que una tienda.

No era extraño que se encontraran allí, ocurría con frecuencia, particularmente después de una tormenta. Normalmente servía de lugar de reunión para charlar y reírse un rato.

Pero en aquella ocasión no era ese el ánimo que imperaba.

Alfonso temió lo peor y preguntó, esperando que le anunciaran alguna muerte o accidente:

—¿Qué ha ocurrido?

Todos trataron de responder a la vez y Alfonso tuvo que alzar las manos para pedir que se callaran.

Wes Martin, el propietario de la tienda, fue el que tomó la palabra.

—Hoagie.

Alfonso abrió la boca, atónito.

—¿Hoagie Puente ha muerto?

—No, él no, su restaurante —dijo uno de los rancheros.

Alfonso seguía sin entender lo que sucedía, pero algo dedujo.

—¿Hoagie Puente ha decidido cerrar el café? ¿Por qué? —al fin y al cabo aquel restaurante era el punto de reunión principal de todos los vaqueros de Hoot's Roost, un sitio de solera con una bonita decoración estilo años cincuenta.

—Su malcriada hija ha venido desde la ciudad a encargarse del local, porque Hoagie y Wanda quieren hacerse un viaje por todo el país.

Alfonso no veía el problema. Quizá ya había tenido demasiada aquella noche como para poder asimilar más.

—¿Y qué? —preguntó.

—¿Cómo que «y qué»? —dijo Wes Martin con una pesada respiración—. Anahí Puente, la «dama» de los hoteles caros, está reformando el lugar. Durante toda esta semana han estado llegando camiones allí y descargando cosas. No han hecho sino entrar y salir electricistas, carpinteros y fontaneros.

—Hay rumores de que ya no van a servir más hamburguesas con patatas fritas. ¡Tenemos que hacer algo al respecto!

Todos protestaron al unísono y Alfonso escuchó cosas como «tener que usar corbata», «llevar traje» y «comer con cubiertos». A nadie le gustaba el cambio, pues parecía que Anahí Puente no estaba dispuesta a dar de comer a la población rural de aquel lugar.

Alfonso se imaginó a aquella mujer con el pelo firmemente sujeto en un moño tenso y actitud beligerante con todo lo que no fueran formas impecables. La recordaba de su época de instituto. Cuatro años menor que él, tenía aún su imagen de chica larga y desgarbada clavada en la memoria.

Si realmente se había hecho cargo del café-restaurante y quería convertirlo en un local de lujo, se había vuelto loca. En Hoot's Roost lo que había era gente sencilla, no ejecutivos forrados de dinero.

Estaba claro que no estaba actuando con lógica. Durante su época escolar daba siempre el coeficiente intelectual más alto, rayando la genialidad. Pero sin duda había retrocedido. Los granjeros y ganaderos querían un lugar en el que comprar una hamburguesa para comer, sin tener que quitarse la ropa de trabajo.

Una trampa para ellaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora