Capítulo 5

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Capítulo 5

—¡Eh, chicos! —gritó Wade al entrar—. ¡Hemos venido a comprobar que no os habéis matado!

—Quizá estén en el dormitorio —dijo Vance.

En ese momento, Alfonso empujó la puerta que lo ocultaba con el codo y sintió cierta satisfacción al oír que Vance emitía un quejido.

Wade miró al otro lado de la puerta y vio a Alfonso y a Anahí abrazados.

—No les ha dado tiempo de llegar al dormitorio —dijo—. Están aquí mismo —le tendió la mano a Anahí—. Hola, soy Wade Herrera. No sé si te acuerdas de mí. Ha pasado mucho tiempo.

Alfonso se apartó de Anahí y la dejó en el suelo.

Ella trató de recobrar la compostura a toda prisa, sin demasiado éxito, pues su voz sonó temblorosa al responder.

—Hola, me alegro de verte, Wade. Enhorabuena por tu reciente boda. Con una profesora de instituto, según he oído, ¿no es así?

—Sí. Ha sido lo más inteligente que he hecho en mi vida —le aseguró y miró al reloj—. Y la verdad es que me tengo que ir ahora mismo. He quedado con Laura en la cafetería del instituto.

Vance sonrió.

—Yo también me voy a tomar un descanso. ¿Piensas preparar algo de comer, Alfonso, o vas a estar ocupado toda la mañana? —levantó las cejas en un gesto interrogante y Anahí salió de la casa sin decir nada más.

Wade y Vance se centraron en Alfonso.

—Pensé que estabais discutiendo —dijo Wade—. Debe de haber sido una discusión muy «acalorada».

—Alfonso se apartó de ellos.

—Dejadme en paz, por favor. ¿No teníais prisa por iros?

—Calma, muchacho. Al menos la has besado... ¿No aplaca eso un poco tus ánimos exaltados? —le preguntó su primo sin esperar respuesta alguna.

Wade y Vance soltaron una carcajada y se fueron cada uno por su camino.

Wade aseguró que volvería pronto y Vance se encaminó hacia la cocina para prepararse un sándwich.

Alfonso respiró profundamente y se preparó para otra ronda de bromas durante la hora de la comida.

Durante los días siguientes a aquel último encuentro, Anahí estuvo tan ocupada que tuvo la excusa perfecta para no pensar en lo sucedido. Prensa, invitaciones y poner todo a punto la mantuvieron ocupada durante todas las horas laborables.

Dawn y ella trabajaron sin descanso, lo que Anahí agradeció. Se sentía cómoda con la rutina que le imponía el restaurante. Para aquello había sido educada y era su vida.

Nunca tenía relaciones serias con hombres porque siempre acababan dando más problemas que satisfacciones. Y las humillantes experiencias con Alfonso eran una prueba irrefutable de ello.

—¡Eh! Ten cuidado. No soy una persona de mal carácter, pero si me echas el aliño de la ensalada en los escalopes, puedo ponerme nerviosa.

—Lo siento —dijo Anahí—. Apartándose de los recién preparados platos.

—¿Qué te pasa? —le preguntó Dawn mientras cocinaba.

—Problemas con un hombre —admitió Anahí.

—¿Ese tal Herrera?

Anahí asintió.

—Si quieres la opinión de una divorciada, te diré que estás mejor sin complicarte la vida. Las relaciones distanciadas y superficiales basadas solo en el sexo son una cosa, pero ir más lejos no vale la pena. Es un esfuerzo baldío. Lo he hecho, he estado ahí, y no funciona.

Una trampa para ellaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora