Capítulo 2
Anahí se apartó de Alfonso y se volvió hacia él indignada.
—¿Cómo te atreves a entrar en mi restaurante, interrumpir mi trabajo y tratarme de este modo?
Alfonso sonrió.
—Solo quiero brindarte mi ayuda.
—No necesito tu ayuda. ¿Es que piensas que soy la misma necia patosa de la época de instituto?
Él abrió la boca dispuesto a responder, pero no supo qué decir. No se había esperado una pregunta así.
—Así que efectivamente pensabas que era una necia patosa cuando estábamos en el instituto.
Él alzó las manos en un gesto de derrota.
—Mira, te pido disculpas por lo de la moqueta y por la interrupción, pero he venido aquí como vocal de los ciudadanos. Me piden que te comunique su disgusto por el cambio de menú y de horarios del restaurante. Les gustaría que volvieras a abrir las horas que abría antes.
—Y tú eres su portavoz, ¿es así? —le preguntó.
Él volvió a lanzarle otra de esas sonrisas que le paralizaban el corazón.
—Sí, así es. La verdad es que esta comunidad tiene una serie de gustos gastronómicos que tus padres satisfacían perfectamente, y nos gustaría que tú también.
—Así que los habitantes de Hoot's Roost te han mandado para que me convenzas de que vuelva a preparar los platos tradicionales.
Él asintió.
—Te aseguro que eso sería bueno para tu negocio. No te haría ningún daño abrir a la hora de la comida para que tus convecinos puedan llenarse el estómago como es debido. Además, este restaurante tiene un contrato con los ranchos de los Herrera para comprarnos la carne. Quiero asegurarme que seguimos teniendo una buena relación comercial.
—Así que estás preocupado porque voy a necesitar menos carne, ¿no es así? —preguntó ella, mientras se situaba detrás del escritorio, para que él tomara conciencia de quién estaba en una posición de poder allí.
—Eso también, Anahí —volvió a sonreír.
Ella apoyó las manos sobre el escritorio y lo miró directamente a los ojos.
—Escucha, «Romeo», estás perdiendo el tiempo tratando de usar tus encantos conmigo. Este es mi restaurante y pienso llevarlo como me parezca. ¿Me entiendes? Tengo intención de crear un lugar sofisticado aquí, en Hoot's Roost, y atraer clientela de los alrededores. No quiero a un montón de granjeros grasientos, ni de polvorientos vaqueros como tú. Esto no es un lugar de comida rápida, sino un restaurante de cinco tenedores.
La sonrisa pareció desaparecer finalmente del rostro de Alfonso.
—Me parece, Anahí, que te has vuelto un poco engreída desde que has estado en la gran ciudad. Se te ha olvidado que nosotros somos tus vecinos y amigos. Cualquiera con un poco de cerebro sabría que dar de comer a la gente del pueblo es un buen negocio. Si los de Hoot's Roost no están contentos, no veo quién va a venir a cenar. Los de por aquí no van a ponerse corbatas nada más que para ir a algún funeral o alguna boda. Creo que va a ser tu perdición no escuchar a los hombres de este pueblo.
—¿Alguna vez se te ha ocurrido pensar que las mujeres también tienen opinión, y que les puede gustar un lugar con cierto estilo, como este? —dijo ella en un tono desafiante—. Al parecer la masa te eligió por tu reputación. Te han enviado para conquistarme y lograr así que haga lo que vosotros queréis. Pero ¿y qué me dices de la población femenina? ¿Has hecho una encuesta para saber lo que piensa y venir aquí a «representar» a «todos» y «todas»?
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Una trampa para ella
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