5♤ Insomnios

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A veces quisiera que las habitaciones de casa tuviesen paredes insonorizadas

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A veces quisiera que las habitaciones de casa tuviesen paredes insonorizadas.

Las voces de mis padres se cuelan por debajo de la puerta y hacen que despierte.

No sé cuanto tiempo ha pasado desde que perdí el conocimiento. Horas, quizá. Es lo típico luego de un episodio. 

—Está yendo a peor —le escucho susurrar a mi madre.

—Creo que lo de la chica Farning es la causa.

Suspiro. Otra vez están teniendo la misma conversación.

Quisiera recostarme sobre la almohada, cerrar los ojos y descansar diez horas más, pero hace días que no consigo dormir. O al menos, no tanto como quisiera.

Antes solía despertar satisfecha de haber soñado lo suficiente, hacía estiramientos sobre la alfombra del dormitorio y me abstraía del mundo silenciando cualquier sonido con los audífonos que reproducían la lista de canciones más deprimentes del universo.

Hoy ni siquiera conseguiré pegar un ojo.

He tenido la mente ocupada, pensando en los motivos por los que Arthur Farning estaría vigilando mi hogar. En consecuencia, me he pasado toda la jodida madrugada dando vueltas sobre el colchón, observando los números del reloj cambiar, pateando las almohadas y sintiendo como la desconfianza se apodera de cada una de mis terminaciones nerviosas.

JURO que no estaba en mis planes ir contra las reglas de mi padre, ni escapar por la ventana de mi dormitorio para correr hacia el bosque.

Pero eso es justo lo que estoy haciendo, y es todo lo que necesito para poder relajarme. O pasaré las próximas horas siendo una muerta viviente.
Eso, sumado a mi carácter de Grinch, encendería la alarma de auxilio de Patricia Glades. Y, ¡no gracias! No quiero tener a mi madre todo el día vigilándome, para que no cometa una locura. 

El bosque tiene un olor particular.  Un olor que me agrada.

El cielo permanece oscuro y podría tener frente a frente al animal más feroz, que apenas notaría su presencia. Y aunque creas que cometo una locura por correr casi a ciegas, confía si te digo que jamás me perdería en este bosque.

¿Acaso te pierdes en casa cuando se apagan los fusibles? No.

Pues es lo mismo que me ocurre con este sitio, le conozco mejor que nadie, como si me perteneciera.

Debo agradecer al abuelo Edgar por llevarme de caza desde que tenía seis, y también por...por generarle tantos conflictos a mi mente al apuntarse la garganta con un rifle y dispararse frente a mí.

Sí, cargo a mi espalda un pasado agonizante.

Me coloco los audífonos, respiro profundo e ignorando las punzadas de dolor que siento en el corte de mi ceja, me lanzo a correr.

Porque Puedo Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora