11♤ Presentimientos

22 10 9
                                        

La adaptación es la capacidad de modificar el medio ambiente según nuestros propósitos

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

La adaptación es la capacidad de modificar el medio ambiente según nuestros propósitos.

Comprende dos fases: asimilación, que es el proceso de incorporación de sensaciones, y acomodación, que es el proceso de ajuste al medio. 

Siempre he sido bueno adaptándome, quizá porque me he visto obligado a hacerlo.

Justo ahora me encuentro otra vez ajustándome al medio. Aunque no estoy del todo convencido de haber asimilado la situación que me trajo hasta aquí.

—...según Nelson Mandela, no hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado para darte cuenta de cuanto has cambiado tú —la voz del profesor Richardson comienza a aburrirme. No puedo creer que aún imparta sus lecciones en el Instituto Morgan. 

Este hombre acaba de convertirse en una molestia. Odio las clases de literatura, prefiero las de combate, que son más dinámicas y ejercitan la mente y el cuerpo. Dejo escapar un resoplido y me cruzo de brazos, recostando mi espalda en la incómoda silla.

—¿Le aburro señor Farning? 

Alzo la mirada y le regalo una afirmación.

—No se tome personal lo que voy a preguntarle —comento—. ¿Ha pensado en operarse las cuerdas vocales? Le vendría bien un cambio de tono.
 
El profesor Richardson se acomoda los anteojos sobre el puente de la nariz y me observa como si yo también significase una molestia para él. Simula una sonrisa, ignora mi honesto comentario y demanda:
—¿Cree que los regresos son satisfactorios?

Niego al instante.

—No, a menos que la persona que anhelas ver te espere viva.

Las expresiones de sorpresa hacen eco en el espacio. Y ahora mismo, aunque mi plan de mantener un perfil bajo se esté yendo a la mierda, agradezco que Richardson me envíe fuera del salón de clases.  

¿Regresos satisfactorios? Por favor.

Nadie quiere volver al sitio del que fue desterrado...menos cuando no son gratos los recuerdos que dejamos ahí.

Regresar a Denfield jamás estuvo en mis planes, pero el destino tiene una manera de actuar muy jodida.

La única persona que me importaba, la única persona por la que debía preocuparme, aún vivía en este maldito pueblo. Ya no.

¿Alguna vez has sentido que algo terrible está a punto de ocurrir? 

Yo he experimentado esa sensación tres veces.

La primera fue justo antes del accidente en el que mis padres biológicos fallecieron. Yo estaba en el asiento trasero del auto, escuchándoles discutir. Mi madre le reclamaba a mi padre por sus camisas manchadas de labial y el hedor a bebida que desprendía. La carretera estaba oscura, el asfalto mojado, ellos demasido molestos el uno con el otro. Y luego sucedió, el maldito insecto se coló por una de las ventanillas, mi padre comenzó a espantarle con las manos y perdió el control del volante. Los neumáticos chirriaron, el vehículo se salió del camino y caimos por un barranco.

Desde entonces odio las mariposas.

La segunda ocurrió pocas semanas después de que los Farning me adoptaran. Bernadette Glades era una chica bastante molesta, su abuelo era todo lo contrario. Un anciano amable e inteligente. Aunque últimamente se le veía preocupado, atormentado, triste. El día en que ocurrió el incidente supe, con solo mirar hacia la casa de Edgar, que una tragedia se avecinaba.

La tercera vez tuvo que ver con Jessica. Bastó escuchar su voz a través del auricular para intuir que algo no andaba bien. Cuando mencionó el apellido Brand mi piel se erizó por completo. Semanas antes ella me había contado que tenía nuevos amigos y que había comenzado a asistir a esas fiestas salidas de control que supuestamente odiaba, pero que nuestro plan se mantenía en pie. A pesar de que esto último me reconfortó, no disipó mi preocupación.

Supe que el Comisario Glades había intentado localizarme para darme la noticia. Pero para cuando lo hizo, yo ya me encontraba a kilómetros del Instituto Militar esperando por Jess. Ella no daba señales de vida y eso era demasiado extraño, teniendo en cuenta que hablábamos cada noche.

Preocupado por su ausencia decidí llamar a mis padres, y así fue como supe que...que ya no estaba entre nosotros.

Pasé noches creyendo que no me quedaba nada por lo que continuar. Pero cada vez que ponía la cabeza en la almohada, Jess se aparecía en mis sueños. Y eso solo podía significar una cosa: todavía quedaba pendiente hallar el porqué.

Fue la unión del dolor con la rabia lo que me llevó a regresar a Denfield.

Y no me marcharé hasta descubrir qué le ocurrió, hasta encontrar a los culpables de su muerte, aunque tenga que incendiar todo el puto pueblo en el intento.

Disfruten este capítulo Se les quiere

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Disfruten este capítulo
Se les quiere

Saluditos♡

Porque Puedo Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora