– No lo sé. Yo tampoco sé qué estoy haciendo.
En un segundo, todo cambió. Algo hizo “click” en sus cabezas, sus pensamientos fueron olvidados y todo a su alrededor desapareció. Únicamente existían ellos dos, ese contacto tímido que ambos ejercían sobre el otro, ese roce discreto y sincero entre sus labios.
Guillermo estaba paralizado. Había soñado tantas veces con aquello que, ahora que estaba ocurriendo, su cerebro se negaba a procesarlo. Sentía la piel ardiente de Samuel bajo su barbilla, aquella mano que cada vez iba ganando más terreno sobre la fría superficie de su cuello.
La intensidad de aquel beso fue ascendiendo. Samuel agarró a Guillermo por la nuca e hizo que el menor girara la cabeza y se aferrara a su camisa. Las manos de Samuel apretaron la espalda del joven, provocando que éste se acercara más a su cuerpo y quedara atrapado entre sus brazos. Pronto, Guillermo notó algo caliente empujando tímidamente sus labios, por lo que abrió la boca y le dejó pasar. En cuanto el más joven sintió la lengua del otro acariciando y recorriendo toda su cavidad bucal, casi se derritió por dentro. ¿Cómo podía besar tan jodidamente bien? Aquello era embriagador, casi como si se estuviera emborrachando con la boca del otro sobre la suya.
Samuel tampoco podía despegar sus labios de aquel ángel. Se sentía magnetizado a él, casi como si una fuerza invisible lo empujara a que siguiera con aquello. Recorría la espalda del joven con su mano acariciándola, sintiendo su columna arquearse levemente. Su boca era dulce y caliente, tan sabrosa como un exquisito manjar, el mejor que en toda su vida había probado. Quería más, ansiaba que todo él fuera solo suyo.
Entonces, Guillermo se dio cuenta de que no podían continuar con aquello. Eso estaba mal y, aunque quisiera que no se acabara, debían volver al mundo real. Aquél donde Samuel, el chico de sus sueños, ya le pertenecía a alguien.
El joven se apartó como pudo de Samuel, quien casi había perdido la razón en aquel beso.
– Lo siento, no… Esto no está bien… –Guillermo soltó la camisa de Samuel, la cual había quedado arrugada por el fuerte agarre que el menor había ejercido sobre ella unos segundos antes.
– Pero chiqui… –Samuel aflojó un poco sus brazos, pero aún así no soltó a Guillermo.
– No deberías haber venido nunca. Entiéndelo, Samuel. Lo nuestro es imposible –Deshaciéndose del agarre y bajo la dolorosa mirada de Samuel, Guillermo se puso de pie y se giró para mirarlo a los ojos. ¿Era miedo eso que se reflejaba en sus pupilas? Bueno, él tampoco quería perderlo, pero la decisión ya estaba tomada. No podía arrastrar a Samuel con sus problemas, no podía dejar que se involucrara. Él debía volver con su esposa y no preocuparse por un chaval que tantas veces había rozado la muerte. Alguien tan oscuro y tan triste como él… Él no podía estar con nadie, menos con una luz como Samuel.
El mayor lo había visto levantarse, sentía el frio apoderarse de sus manos y de su corazón. No quería renunciar a él, pero en su interior sabía que tenía razón. No podía abandonar así como así su vida y fugarse con un crío menor de edad.
Aún así, aunque toda su razón le dijera que no, los latidos en su pecho eran más fuertes que cualquier otra cosa. Sabía que, si lo dejaba marchar, lo perdería para siempre. No podía permitir eso.
– Adiós… –Guillermo se giró y, para mala suerte de Samuel, echó a correr calle abajo, desapareciendo entre las pocas personas que pasaban a esa hora. Realmente iba a detenerlo, iba a convencerle de que se quedara con él, pero eran tantas las cosas que quería decirle que las palabras no nacieron en sus labios y, cuando pudo reaccionar, Guillermo ya se había esfumado.
Se quedó varios minutos observando el lugar por donde había desaparecido el joven dándole vueltas a la situación, pensando qué era lo que tenía que hacer. Fue entonces cuando el sonido melodioso de su móvil empezó a sonar en el ambiente. Sacó el aparato de su bolsillo y contestó.
– ¿Diga?
– Cariño, ¿dónde estás? –Casi le dio un infarto cuando escuchó la voz de su mujer al otro lado de la línea.
– Estoy… estoy trabajando, ¿qué más podría estar haciendo? –Rió falsamente, intentando ocultar su nerviosismo pero, para su mala suerte, su mujer era una de las personas que mejor lo conocía en el mundo.
– Samuel, han llamado de tu trabajo diciendo que no estabas allí. ¿Me dices ya dónde demonios te has metido? –El tono de su esposa se había convertido en uno cabreado.
– No puedo decírtelo… –¿Qué pensaría ella si le dijera que salió a las cuatro de la madrugada a buscar a un chico con el que solo había tenido relación a través de una pantalla?
– Mi amor, por favor… –Una grieta cruzó su corazón al escuchar esas palabras. Él estaba siendo un capullo, le estaba mintiendo a una de las personas que más amaba en el mundo… o, al menos, que más había amado porque, a medida que los segundos trascurrían sus sentimientos se iban aclarando cada vez más– Necesito saber si te ha pasado algo, si estás bien…
– No… no estoy bien –No estaba bien, y lo que hacía tampoco era correcto, por eso debía acabar con esa situación de una vez por todas– Lo siento.
Colgó la llamada y guardó el móvil en su bolsillo, levantándose del banco a continuación para coger su coche e ir al lugar donde ya debería estar.
Iría a casa de Guillermo.
*****
Haaaaasta aquí!! Un poco cortito (lo sé, lo sé), pero al menos ya se han besado! (que cucos por dios >////<)
Esperando a tener tiempo para poder ir a comprar su libro! No lo tendré firmado ni nada, pero bueh, lo leeré como mil veces y dormiré con él por las noches ._. (bueno, solo voy a abrazarlo y a decirle que es un buen chico).
Espero que os haya gustado,
¡Gracias por leer!
Edito: QUÉ LECHES LE PASA AL LUGAR DONDE SE LEEN LAS HISTORIAS, POR QUÉ ESTÁ TAN JO****MENTE RARO, QUÉ LES PASA EN LA CABEZA A LOS DE WATTPAD, POR QUÉ LO HAN PUESTO TAN FEO.
Ok. Me calmo. Rhekya se despide.
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On-Love (Fanfic, Wigetta)
FanfictionCuando todo lo que vemos es oscuridad, cuando la más profunda soledad nos asola, un fino rayo de luz puede salvarnos la vida. Tal vez deberíamos aferrarnos a él, pero hemos recibido tantos golpes que nos asustamos y nos alejamos. No queremos ser her...
