†Capitulo 2†

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—¡Estan deliciosas mamá!— apenas y consigo hablar por tener la boca llena.

Mi madre me da una clara mirada de desaprobación por hacer eso. Aunque no tarda mucho en sustituirla por una sonrisa ladina.

—No es para tanto.

Mi madre, una mujer de 30 años llamada Elena Rodrigo, es casi igual a mi, o yo soy casi igual a ella mejor dicho, tenemos el mismo cabello rizado negro, piel morena, ojos cafés claro y un lunar en la mejilla derecha.

—Deberías de ir a Masterchef mamá, Te lo digo enserio.

Para mi la comida de mi mamá siempre sería la mejor del mundo.

—Creo que te haré caso— dice de espaldas a mí, sacando otra crepa y poniéndola en mi plato.

Le doy una sonrisa se oreja a oreja cuando lo hace.

—Mas te vale.

No le digo nada más y comienzo a devorar esta delicia.

[.......]

—¡Mamá ya llegó Marta, me voy!— grito al mismo tiempo que bajo las escaleras de dos en dos casi corriendo.

—No te quiero tan tarde de vuelta, te quiero y te cuidas— ubico su voz en la sala y le asiento aunque ella no pueda verme.

—Lo se, yo también te quiero.

Salgo de casa cerrando la puerta tras de mi. Marta, mi mejor amiga desde que tengo conciencia me espera con la espalda recostada en su auto.

Marta tiene la misma edad que yo, 19 años, con el cabello liso y largo que llega casi a su espalda baja de un rubio algo oscuro que hace un buen contraste con su piel  pálida, nariz respingada y rasgos faciales bien definidos, pero lo que más me gustaba de ella —además de su personalidad— eran sus hermosos ojos verde esmeralda.

—Chica al fin, pensé que nunca saldrías— comenta una vez estoy frente a ella.

—Yo también estoy feliz de verte Marta— ironizó y le pongo los ojos en blanco.

—¡Y me lo dices a mi!— doy un respingo cuando literalmente salta encima de mi, rodeandome con sus brazos y dándome un abrazo que, de ser posible me habría sacado un pulmón —¡Te extrañe tanto!— grita usando el tono más chillón posible, da pequeños saltitos y me apretuja cada vez con más fuerza.

Se que será inútil intentar librarme de ella, así que le devuelvo el abrazo de la misma forma, estrechandola con fuerza. Vale yo también la eh extrañado mucho aunque no quiera admitirlo. Marta es una de las personas más importantes para mí y la única amiga verdadera que eh tenido en mucho tiempo.

—¿Nos vamos ya?— le digo cerca del oído cuando veo que no tiene ninguna intención de separarse en un futuro muy cercano.

—Ahg, que aburrida— deshace el abrazo y me da un leve empujón —vámonos ya, señora.

La doy una mala mirada aunque a ella no le importa mucho. Marta tiene la mala costumbre de llamarme señora, según ella soy una vieja encerrada en el cuerpo de una chica de 19 años.

Da la vuelta hacia el asiento del conductor, yo abro la puerta del copiloto pero antes de entrar en el auto tengo la extraña sensación que alguien me mira. Frunzo un poco el ceño, paso mi vista por todo el lugar y lo veo.

A solo una cuadra de distancia.

Un chico en una camioneta, nos observa, o parece que solo me mirá a mi. Tal vez  el solo espera a alguien y yo estoy siendo un poco paranoica, trato de meterme esa idea en la cabeza, así que decido restarle importancia y entrar por completo al auto.

Dark ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora