CAPITULO 24

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Lauren entró por la puerta trasera y miró alrededor de la casa, viendo sólo a su padre, que estaba sentado en su sillón reclinable con Skippy, - ¿A qué hora llegó Camila? -,

- ¡Nunca la vi! -,

- ¡Ella estuvo aquí, muy bien!, encontré la ropa que llevaba puesta ayer en la bolsa de lavandería en el camper, por lo que debe de haber pasado para cambiarse -, se sintió aliviada al encontrar las otras pertenencias de Camila todavía en los cajones, pero decepcionada al darse cuenta de que todavía no se sentía lista para quedarse y hablar con alguien, - parece como si realmente lo he estropeado, papá -,

- ¡La mierda sucede, ya sabes! -, él dijo.

- Sí, y esta vez fui la que abrió la boca. ¿Qué te parece como ironía? -,

- Recuerdo una vez cuando le grité a tu madre, me pegó en la mano con una cuchara de madera y me recordó que no todo el mundo estaba en la marina, esa era su manera de decirme que yo no era su jefe -,

Eso era exactamente lo que Camila había temido todo el tiempo, que Lauren tenía todo el poder en su relación, - no quise salir como una mandona, estaba molesta por Madison y ni siquiera me detuve a pensar en cómo la estaba haciendo sentir, ahora ella no toma mis llamadas o responde a cualquiera de mis mensajes -,

- ¡Ella regresará!, tengo a su perro como rehén -, Lauren comprobó el reloj de la cocina, y notando que era casi la hora de buscar a Madison.

- ¿Tuviste algún problema para llevar a Madison a la escuela? -,

- ¡No, Barbara caminó con nosotros!, fuimos hasta medio camino de Lincoln, y luego Madison fue el resto del camino con algunos de los otros niños, tienen guardias viales prácticamente todo el camino -,

- ¡Si lo sé!, supongo que puedo dejar que empiece a caminar sola -, se puso una sudadera azul marino y salió por la puerta principal, - tal vez hablaré de eso con ella en el camino a casa, si Camila aparece, por favor pídele que se quede -,

Lauren no se detuvo en su esquina habitual, continuando en cambio todo el camino hasta la escuela, donde Madison la saludó con una mirada aprensiva.

No habían hablado desde la noche anterior, cuando todavía era obvio que no estaba diciendo la verdad.

- ¿Cómo estuvo la escuela? -, preguntó.

Había llegado a la conclusión de que sólo había una manera de hacer frente a esta problemática inclinación por mentir.

- ¡Bien!, dije mis sietes hoy... tablas de multiplicar -,

- ¡Bien por ti! -, Lauren tomó la mano de Madison mientras caminaban por la acera.

- ¡Cariño!, he estado pensando mucho acerca de lo que pasó ayer, me molesta que todavía no me has dicho la verdad, pero no voy a preguntar más, sólo quiero que sepas que no te creo, le grité a Camila ayer por algo que no era su culpa y eso me hace sentir avergonzada -, Madison apartó la mirada, pero Lauren estaba decidida a que esto sería más que una reprimenda.

Quería poner fin a estas mentiras de una vez por todas, después de ralentizar hasta que los otros niños estaban fuera del alcance del oído, se detuvo y se inclinó, colocando sus manos en sus rodillas para mirar Madison a los ojos, - ¡Te quiero mucho y sé que me amas también, pero lastimas mis sentimientos cuando me mientes!, te perdono esta vez, pero eso es todo, ¡No más mentiras!, ¿Lo entiendes? - la niña asintió, conteniendo las desgarradoras lágrimas.

AL OESTE DE LA NADA - CAMRENHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora