CAPÍTULO 3.

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El silencio de por sí ya era abrumador desde la tarde y asfixiante durante el resto de la noche. Tosió un poco y se removió incómodo en la silla de la cocina viendo al mayor moverse de aquí y allá haciendo el desayuno con una audacia impresionante que le caracterizaba.

Le estaba agradecido porque desde que había salido de casa de sus padres, las comidas de Seokjin daban batalla a los platillos que su madre cocinaba, sin ellos quizás habría ido al hospital muy seguido debido a los fideos instantáneos y refrescos baratos con los que sobreviviría.

Aunque había días en los que ambos no podían soportarse uno al otro y Jungkook terminaba pidiendo comida rápida miserablemente. Reconciliándose con Jin solo para decirle que era libre de tomar la comida que quisiera y ambos hablaran con naturalidad a los pocos instantes.

Pero ese día, la mente de Jin parecía estar ocupada en nada más que cocinar. Podía ver la determinación pintada en su rostro y la aterradora mirada puesta en el fuego del sartén o en el filo del cuchillo.

Prefirió sentarse y esperar callado antes de morir en manos de su compañero de habitación con un fideo enrollado a su cuello o un ataque masivo con un cebollín de arma.

Una vez terminado todo, Jin suspiró exhausto viendo su resultado y satisfecho con los alimentos que hizo, comenzó a servir para ambos aun en silencio sin omitir que podía sentir en él la mirada de su compañero de piso.

A Jungkook le daba miedo preguntar.

Y Seokjin no le diría nada después de todo.

Pero ambos sabían que algo había sucedido luego de ir a esa agencia sexosa.

Los únicos sonidos en la cocina eran los tintineos de los palillos en los tazones y sus sonidos al masticar los alimentos. Una sensación arremolinándose en el estómago de Jungkook causó que dejara el tazón de comida a un lado y mirara serio hacia su amigo que seguía sin prestarle atención o mirar en su dirección.

A punto de decir unas palabras fue detenido por el movimiento brusco de su compañero, que se levantaba con sus utensilios de cocina listo para lavarlos e ir a encerrarse a su habitación sin hablar respecto a eso.

Al menos eso pensaba, pero Jungkook tenía otros planes.

Tenían que parar con eso.

— Jin –el castaño le ignoró lavando de último su vaso de cristal con cuidado y cerciorándose de que nada haya quedado fuera de su sitio. Tenía una especie de obsesión con el cuidado y limpieza en su hogar que le disgustaba cada vez que 'Jungkook el maldito puerco', hacía de las suyas en su presencia.

— Me iré a la cama, hoy es el único día en que disfruto de mi descanso. Nos vemos luego –dejando al peli purpura con las palabras en la punta de su lengua, se encaminó fuera de la cocina.

Jin le estaba ignorando.

Y él no le rogaría.

Encogiéndose de hombros comió el resto de su tazón sin importarle si alguien constantemente le repetía que debía tener modales en la mesa. Como si fuera a necesitarlos de todos modos.

Eructo apenas termino su bebida y pidió perdón inconscientemente mirando a su alrededor sin ver a nadie, siempre venían las mismas palabras diciéndole que era un cerdo y un sucio, pero esta vez no las hubo. Llevo los platos al frigorífico y los limpio con cuidado tardando más en el tazón con orillas manchadas de salsa de soya.

Sonrió cuando todo estuvo limpio y se dirigió a la habitación que compartía con Seokjin para tomar una ducha antes de irse a su trabajo en la tienda de música, en donde recibiría gente más amable que su compañero de habitación y quienes buscarían hacer animadas charlas con él.

Lights... camera... hyung!!! - 정진Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora