Estoy en el techo de mi casa, sentada en el piso, recargada en una de las paredes de lo que algún día será una habitación. Mi cara está hinchada, las lágrimas que habían parado ahora amenazan con volver mientras escribo, mi corazón se está acelerando, mi cabello está mojado, al lado de mi hay una taza que me regaló mi ex con una cuchara para servir helado dentro.
Me gusta la tranquilidad de aquí arriba.
Por ahora no quiero contar mucho, no me siento lista para hacerlo sin desmoronarme, pero solo diré que subí a comer helado y estar sola.
Diría que quiero estar sola, y en cierto modo sí, pero no es del todo cierto. Porque a pesar de querer estar sola, traje mi celular y mandé mensaje a uno de mis amigos y a mi grupo de amigas.
A él le mandé un solo mensaje, preguntándole si estaría ocupado mañana, porque es a quien tengo más cerca de mis amigos y realmente necesito un abrazo, solo eso.
Él vive en la casa de enfrente, pero a pesar de eso, casi nunca nos vemos.
Aún así somos buenos amigos, entendemos y buscamos al otro cuando sabemos que algo anda mal, eso es muy lindo.
A mis amigas les hablé para distraerme, le pedí a una de ellas que me hablara sobre una historia que ha estado leyendo.
Me gusta mucho escuchar o leer cuando se emocionan contando algo.
Y mi hermana... ella me envió mensaje preguntando algo y al hablar con ella aunque fueron pocos mensajes, me hizo reír y sentirme mucho mejor. La amo.
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Diario de una adolescente con ansiedad
Non-FictionTengo 17 años, mi vida es un desastre y mi cabeza está tan llena que decidí sacar un poco de eso aquí Ojalá disfruten y se entretengan un poco con la vida de esta pobre alma que trata de sobrevivir a lo que la vida le avienta, o tal vez que se ident...