Mamá Luchona pt. I

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Hace poco más de cuatro años que una gata callejera algo huraña rondaba mi casa, en ese tiempo tenía medio costal de comida para gatos, pero ni un gato.

Prácticamente toda la vida he tenido gatos, pero en ese momento se habían ido o fallecido (sin que yo lo supiera).

Así que al ver que la gata de pronto estaba embarazada, me dio lástima y comencé a dejarle comida.

Un día tuvo los gatitos en un rincón al que solo ella podía entrar fácilmente, pero en el patio de mi casa, tuvo cinco gatitos negros y blancos, como si vistieran de etiqueta.

La gata, a quien llamé Koi, no dejaba que me acercara, por lo que me limitaba a darle de comer y mientras comía, ir a ver a los gatitos, contarlos, ver que todos se movieran, e irme.

Un día salí al patio a alimentar a Koi, pero ella no vino, fui a ver a los gatitos pensando que estaría con ellos, pero estaban solos.

No me preocupé demasiado, pues era normal que ella quisiera un descanso de las crías y quisiera salir a cazar o lo que sea. Hasta que esa noche seguía sin volver. Eso ya no era normal, apenas tenían una semana sus gatitos, no los dejaría.

Mi hermana y yo metimos a casa los gatitos, los pusimos en una caja de zapatos con algo se ropa vieja y los alimentamos con agua de arroz en una jeringa.

La mañana siguiente Koi seguía desaparecida, mi madre me llevó al veterinario temprano a comprar una lata de fórmula para gatitos y un par de biberones.

Los pequeños no dejaban de llorar y arrastrarse escapando (a pesar de no haber ni abierto los ojos).

De pronto mi hermana y yo teníamos 5 bebés.

Había que hervir los biberones y el agua para preparar la leche, revisar que estuviera tibia pero no caliente ni fría, darles de comer cada 3 horas, estimularlos para que hicieran sus necesidades masajeando levemente su abdomen bajo (la gata se encarga de eso, pues cuando son muy pequeños no pueden hacerlo por sí solos)...

Y lo más difícil era identificarlos ¿Cómo rayos diferencias a 5 gatitos del mismo color? No sabíamos si uno había comido dos veces o si otro no había comido... solo les dábamos leche hasta que ya no quisieran.

Las desmañanadas porque a las 5:00 am les tocaba comer a las criaturas, las idas al vet cuando se enfermaban (una vez tuvieron lo que llamé diarrea explosiva) era mucho trabajo...

Ahí estaban, una chica de 13 años y otra de 22 en modo Mamá Luchona.

Bromeábamos diciendo que ella era el papá que salía a trabajar para mantener a los niños y yo la mamá que los cuidaba todo el día.

Con el paso de los días, aprendimos a diferenciarlos:

• Criss, el escapista y el más pequeño (porque no dejaba de moverse y casi se cae de mis manos).
• Hugo, el pequeño demonio y el más grande (molestaba mucho a los demás, así que muchas veces debíamos separarlo y por esa razón luego era muy apegado a nosotras)
• Will, el tranquilo (a él lo adoptaron cuando aún era pequeño, le compraron biberones y leche en su nueva casa)
• Bean, el segundo más pequeño (se llama así por una mancha en forma de frijol en la barbilla)
• Lily, la segunda más grande, y la única hembra (ella era la más lista de todos)

La verdad es que me quitaron las pocas ganas que tenía de tener hijos, pero no lo cambiaría por nada, porque son mis bebés.

Diario de una adolescente con ansiedadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora