Situación: La universidad te estresa.
Yoongi sabía que había una gran diferencia de edad entre ustedes.
Siempre la había sabido.
Mientras él podía permitirse despertar o dormirse con la tranquilidad de haber cerrado ese capítulo —la universidad, los exámenes, la presión—, tú no tenías ese lujo. No todavía.
Tenías que regresar temprano a casa. Ya no existían las cenas románticas de los viernes por la noche, porque ahora estabas sentada frente al escritorio de tu novio, rodeada de planos, reglas y hojas arrugadas, intentando cumplir con tareas que parecían no acabarse nunca.
Yoongi, en cambio, estaba tirado en el sofá, observándote con el ceño fruncido, cada vez más molesto por verte así.
—Vamos, nena —dijo finalmente, rascándose el cabello recién teñido de menta—. ¿Cuántas veces tengo que repetirlo?
Suspiraste, dejando caer la cabeza cerca de uno de los planos de tu proyecto final.
—Debí estudiar comunicación, administración... —murmuraste—. Literalmente estoy estudiando arquitectura para tener nuestra casa en el campo.
Alzaste apenas el rostro, agotada.—Solo faltan dos años, pero... ¿a qué costo?
—Te digo que dejes la escuela.
Yoongi se puso de pie, apagando la televisión como si el ruido le estorbara para pensar. Caminó hasta ti, serio.
—No me gusta que digas que estudias esto solo por la casa. Me siento incomodo.
—Es que eso hablábamos en nuestro aniversario —respondiste—. Que queríamos una casa juntos.
—Eso fue en nuestro aniversario número dos —replicó, ya a tu lado—. Llevamos cuatro años saliendo. Y sigo pensando que deberías salirte de la universidad.
—No puedo —dijiste, apretando el lápiz entre los dedos—. Mi papá paga casi todo con su sueldo.
—Deja la universidad y vive feliz conmigo —soltó de golpe—. Casémonos.
Giraste a verlo, sorprendida.
—Le ahorrarías ese dinero a tus padres —añadió, convencido.
—¿Y si te digo que quiero seguir estudiando? —preguntaste, mordiendo tu labio, un poco avergonzada.
No te gustaba sentir que estudiar fuera una obligación. Querías ser como él: libre, segura, estable.
Pero incluso Yoongi había terminado la universidad.
—Si no te gusta esta carrera, hablaremos con tus padres —dijo con más calma. Te ayudó a ponerte de pie y te quitó el lápiz de las manos—. Mañana.
—¿Mañana?
Asintió y besó tu frente con suavidad.
—Mañana hablaré con ellos. Estudiarás lo que tú quieras.
—Mi papá te va a mandar por un tubo —murmuraste, frotándote los ojos cansada, mientras él ya se dirigía a la habitación—. Me va a odiar.
—Solo hay que dormir —respondió desde la puerta—. Cuando despiertes, hablaremos con un arquitecto para empezar a planear nuestra casa en el campo... y buscaremos una carrera que te guste. Y sigo ofreciéndome a pagar todo tu estudio.
Te acercaste a él antes de que apagara por completo la luz.
Tomaste su rostro con ambas manos, con cuidado, como si también estuvieras sosteniendo todo lo que sentías.
Le diste un beso corto, suave.
—Yo también quiero casarme contigo —susurraste—, pero no por este estrés universitario.
Yoongi te miró en silencio, atento.
—Vayamos a dormir —añadiste, apoyando la frente en la suya—. Pensemos mejor las cosas después.
Él no respondió de inmediato. Solo asintió despacio y rodeó tu cintura con un brazo, atrayéndote hacia él como si ese gesto fuera suficiente por ahora.
ESTÁS LEYENDO
Min YoonGi | One Shots
FanfictionConsidero este tipo de "historias", un lugar donde puedes escapar de la vida en donde tu bias no está contigo.
