Cap. 1

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Mi vida siempre ha sido igual. Nada ha cambiado en absoluto. Nunca he sido una chica sociable que se diga. Des de muy pequeña siempre he sido el bicho raro que todos señalaban para burlarse de mi. ¿Qué puedo decir? Ahora ya me da igual. Una se acaba acostumbrando a que te señalen con el dedo sin esperar a que alguien se levante y te defienda. Nunca ha pasado y nunca pasará.
Nunca he tenido amigos de verdad. He tenido a "amigos" o eso era lo que decían ellos solo para que yo haga cosas horribles para que siga siendo su amiga. Sé que nadie haría eso pero, no los quería perder aunque supiera que jamás han sido ni seran mis amigos. Solo no quería estar sola.

Recientemente, a mi padre lo han transalado en su trabajo y nos ha tocado mudarnos a otro país. Yo no quiero irme. No quiero que se burlen de mi, no quiero estar sola... para siempre...

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Mamá: -Emily, ya tienes tus cosas?
Yo: -Todavía me faltan unas cosas por guardar...
Mamá: -¡Niñata, vamos a llegar tarde por tu culpa, te dije hace media hora que lo alistaras todo!
Yo: -Pero es muy poca cosa. Ahora mismo los voy a buscar.
Mamá: -Date prisa. No quiero perder el vuelo por tu culpa.
Yo: -Sí madre.

Fui directamente a la pequeña habitación que mis padres me obligaron a tener porque la antigua habitacion que tenía, la utilizaron para poner sus cosas de hacer deporte, como un pequeño gimnasio.
Rápidamente cogí el collar que me hice yo misma, únicamente era una piedra de cristal en forma de rombe, que dentro suyo había como el fondo del mar. Había dibujado unas especies de algas de color azul oscuro hasta llegar a un azul clarisimo.
Me lo regaló mi abuela, la única persona en este mundo que no permitía que nadie me tocara un pelo. Siempre me protegía de los golpes que mis padres que intentaban darme, pero lo que nunca supo era que cuando se iba a su casa, mis padres me acorralaban contra la pared para gritarme y darme algunos golpes...
Ella ahora ya no está entre nosotros. Falleció hace tres años, dejandome como recuerdo su preciada piedra de cristal que para ella simbolizaba la paz del mar y la y la radiante melodía que producían las olas al chocarse contra ellas. Amaba a mi abuela y la sigo amando. Siempre la querré.

Cuando cogí lo que me faltaba, fui corriendo hacia fuera de la casa para entrar dentro del taxi que nos esperaba. Mientras nos dirigimos hacia el aeropuesto, nadie comentó nada. Odiaba ese silencio, me angustiaba.

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Papá: -Emily despierta, ya hemos llegado. Coge tus maletas y apresurate.
Yo: -Sí padre.

Cuando cogí la única maleta que tenía junto con mi bolso, me giré para dirigirme a la salido del avión y sin querer hice caer a una mujer que estaba detrás mio.

Yo: -Realmente lo siento. Dejeme que la ayude, yo...
Mujer: -Gracias y no pasa nada-me dedicó una sonrisa, pero yo no se la devolví y la ayudé a levantarse.

Cuando salimos del avión sentí una mano sobre mi brazo que me apretaba fuertemente.

Mamá: -Estupida. Como se te ocurre hacer caer a ese mujer. ¡Ten mas cuidado!
Papá: -Tu madre tiene razón. Fíjate en lo que haces.
Yo: -Perdón...
Mamá: -Ya callate, no me estreses.
Papá: -Vamonos, pediré un taxi.

¿Por qué me tratarán así? ¿Hice algo malo?

Por qué a mi...?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora