Lo que está destinado a ser, será.
Jungkook ha sido ascendido a director universitario y han enviado a alguien que pueda reemplazarlo como maestro, han pasado cinco años exactos desde que le dijo adiós a la única mujer que lo ha hecho sentir algo po...
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Su oficina lo recibió de nuevo y en la pantalla otra buena noticia; recibiría a más maestros antes de lo esperado, por fin podrían organizar un horario de trabajo decente, aunque eso significaba más trabajo para él, era mejor empezar ahora mismo antes de que termine acumulándose y de nuevo Jungkook trasnochado y con su nariz sangrando, el dolor de cabeza haciéndole la vida imposible, lo que lo llevaría a acudir a las pastillas que tanto odiaba.
Cerró los ojos un instante para descansar la vista y volver al trabajo.
Entonces la señorita Lee entraba y de manera aparatosa, tropezaba teniendo que agarrarse del marco de la puerta. Arqueó la ceja izquierda.
—Perdón, un momento de torpeza— se excusó, enseñándole sus tacones altísimos— estoy aprendiendo.
—Se va a quebrar algo con esas cosas. Dígame qué ocurre.
—Sí— se acercó a pasitos cortos, como si arrastrara los pies— pregunta el maestro Kim Seokjin si en vista de que van a ingresar maestros de arte, puede regresar con natación y a deportes que era su área principal.
—Claro.
—Dijo que en caso de que la respuesta fuese afirmativa, tendrían que hacerle mantenimiento a las piscinas para antes de la próxima semana.
—Entonces usted debe encargarse de llamar a los encargados de aquella labor. Hágalo ahora.
—Lo haré ahora. Con su permiso.
Jungkook no quería intervenir imponiendo un código de vestimenta, pero esos tacones realmente parecían mortales, no le dijo nada más.
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—No quiero decirle que se lo advertí,— la observó en el suelo— pero se lo advertí.
No se había roto nada, pero la caída que tuvo fue dolorosa, el encargado de la enfermería del campus llegó corriendo, ella chilló. Dejándose levantar.