Cuando tu respiración se agite y las yemas de sus dedos pasen por cada rastro de piel erizándola. Cuando tus músculos se tensen en espasmos y lagrimees de placer, ten en cuenta siempre de quien adorna tu vista y se adueña de esas sensaciones. Ten po...
Disclaimer: Lenguaje Explicito, BDSM, diferencia de edad.
Este escrito es diferente al resto, si eres sensible a ese método de acción se recomienda discreción.
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Los casinos son establecimientos de estética bastante amplia, llamativa y versátil. Siempre se visualizan coloridos y luminosos, que albergan personas bastante elegantes y derrochadoras en cuanto a dinero a través de fichas plásticas se trata. ¿Pero les suena la palabra "Clandestino" como apellido de casino? ¿Se hacen ilusión siquiera de lo distinto que son en trasfondo a como se suele presentar un local de apuestas y plegarias a la suerte? En mi caso ese lugar solo era una palabra prohibida hasta que me vi envuelta en situaciones similares, adicta al dinero, la codicia, la lujuria y las apuestas. Sin embargo, nada me llenaba más que las lágrimas de mis oponentes tras tener la osadía y astucia para montar el teatro de la perdedora de doble apuesta, y destruir con el doble de dolor que causa una farsante que te quita todo el dinero. Una joven farsante de aspecto iluso, con la poca edad de veinte años, bajo un gran escote, maquillaje esplendido y largas piernas adornadas de mallas y tacones altos, con joyas que vislumbran y una actitud superior falsa. Así me describiría actualmente sin vergüenza alguna. Es solo una careta, es solo un negocio al cual he sido arrastrada hereditariamente desde joven, ha sido duro, pero como típica historia cliché, no puedo hacer más nada que no sea apostar y jugar con esta adicción enfermiza, reírme ante los perdedores, ser amenazada múltiples veces y sobre todo fingir que eso me llena.
Otra noche más en vela, era un viernes por la noche, entrada ya la madrugada anuncié mi llegada en el Hotel Sanpaku (3泊). Era el mismo recorrido de siempre, entrando por el estacionamiento trasero y mostrando identificación especial, el casino tenía dos rostros a mostrar, claramente el clandestino era la parte oscura y triste, adornada de colores más intensos que lograban recrear la sensación de adrenalina que recorre las apuestas junto con el alcohol directo de a copas que burbujeaba en el organismo. Pero esta noche era diferente, había rostros nuevos, rostros jóvenes y numerosos uniformes alrededor de un rostro bastante peculiar. El pelinegro tenía un corte de cabello bastante extravagante, vestía el mismo uniforme, pero tenía ligeros adornos y detalles que lo hacían resaltar de lo que parecían ser subordinados. Nuestras miradas se encontraron a una larga distancia, él estaba sentado en el extremo de la larga mesa en donde se reunían con diferentes figuras mayores, su mirada se centró en escanear descaradamente tu cuerpo, ya tenían el semblante en alto y una sonrisa llena de altivez dio paso a su serpenteante lengua que relamía sus labios de extremo a extremo. Por una milésima de segundo titubearon tus pasos, en tu estomago se formó un nudo que solo pudiste disolver respirando profundo, tu rostro no se relajó en un instante, estabas acostumbrada a sorpresas como esa en un lugar así de voluble, pero hacia bastante tiempo que no veías una cara joven, mucho menos que algo así hiciera efecto en ti de manera incontrolable, aunque por costumbre pudiste contener la expresión de tu rostro, tu cuerpo al permanecer sentado y estático con cada movimiento efectuado, al sentirte expuesta resultó como una especie de corto circuito en tu sistema nervioso autónomo.