Cuando tu respiración se agite y las yemas de sus dedos pasen por cada rastro de piel erizándola. Cuando tus músculos se tensen en espasmos y lagrimees de placer, ten en cuenta siempre de quien adorna tu vista y se adueña de esas sensaciones. Ten po...
Descripción: Izana es un hermanastro bastante sobreprotector, lo conoces desde pequeño y para ti es un príncipe azul. Él quiere ser quien se case contigo.
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La transición de mudarse para empezar de cero siempre ha sido visto como un proceso bastante impactante, que demora en llegar a la costumbre y generar un disfrute pleno. Sin embargo, no hay certeza en su causa, quizás fue la edad, quizás sólo fue suerte o él mismo destino, quien acomodó sus piezas para mudarte junto a tu padre con la familia Kurokawa. Ser hija única implicaba adaptarse a alguien más quien compitiera por la atención y necesidades de ser hijo en una familia. Pero no fue así, la llegada de Izana a tu vida significó compañía, atención, apoyo y una protección intensa. Salir a la calle no era igual a miedo, pero tus libertades no eran tan individuales como al principio.
Ser hermanastra de Izana era ser respetada rotundamente o morir de manera fugaz. El uniforme rojo que portaba habitualmente era su credencial y primera impresión para entender quién era y que podía llegar a hacer.
Pero ese mismo chico peliblanco, de ojos saltones, pestañas prominentes y rasgos filipinos tan temido por muchos y querido por pocos, contigo era otro personaje. Si había algo que Izana adoraba más en este mundo era a su hermanita menor, _______.
No había nadie como ella, adoraba como reías tímidamente, cómo te hacía sonrojar y como podía ayudarte a vestirte para cada salida, apoyando la idea de cambiarte frente a él.
—Solo yo puedo verte así, ¿verdad que sí? — Sonreía ampliamente.
Le encantaba el tiempo que pasaba a tu lado, no le importaba hacer lo que tú desearas solo para estar a tu lado. Le encantaba enseñarte a jugar videojuegos porque te sentabas en sus piernas cómodamente mientras sus manos se juntaban a tomar el control de mando, le preguntabas si él estaba cómodo ya que sostenía tu peso y siempre le restaba importancia con la misma frase.
—Estoy cómodo si estoy junto a ti— susurraba.
Habían noches en las que llegaba tarde, escuchabas como entrada la madrugada sonaba la ducha y pasos sobre el piso de madera, el pomo de tu puerta girarse y como él se acomodaba entre tus sábanas para dormir contigo por lo menos tres horas.
—Fue un día pesado y lo único que me hace feliz es sentirte junto a mi — murmuró adormilado.
Te abrazaba durante todo su tiempo dormido, juntaban sus cuerpos casi por completo, sentías como su corazón latía lentamente y descansaba tranquilamente. Era como si la única paz del peliblanco existiese con tu presencia.
Sin embargo, el día en que viste sus ojos brillar más acentuadamente estaban acostados en tu habitación viendo una película que tú escogiste, pensabas que se quedaría dormido del aburrimiento pero él prestaba total atención, se veía tierno de perfil con sus ojos abiertos e interesado en la trama. No había duda de lo mucho que te quería.