Menos mal que llegué al motel. Tenía el dinero y tenía a Tyler comprándole droga. Me rodeaba con mis brazos yo misma intentando darme calor. Sentía frío. Temblores. Dolores de huesos. Lo de siempre.
Nos colaron en aquella fiesta. Era como.. era como las fiestas de Tomorrowland. Esos DJ'S tocando música dance, electrónica, house. Yo sólo oía los latidos de mi corazón. Esperaba a Tyler en el baño que se supone que iba a mear. Cuando salió cogía mi mano para irnos donde la gente. Veía que estaba muy colocado el muy cabrón.
—¿Tu no te metes un poco o qué?.—Preguntó él.—
—Pensaba que ibas a esperarme a que yo lo hiciera. —Conteste con temblor en la voz, siendo borde.—
—Toma anda.—Abría la palma de mi mano dejando aquella bolsa pequeña, se fue andando a la pista a bailar.— Apretaba aquella bolsa pequeña con mis manos. Me iba a caer de un momento a otro. El corazón me iba tan rápido. Necesitó ir despacio. Veía como Tyler baila. Como me hacía una seña de que fuera con él. Bajé la mirada a la bolsita de coca. La abría despacio para exponermela en la palma de mi mano y esnifar. La música se ponía en el tímpano de mi oído. Y los gritos de las personas, hasta que una solo se centro en mi.
—Para.—Decía una voz masculina, cerca de mi oído.—
—Necesito.. necesito un poco, me duele mucho el cuerpo.-Hablaba en tartamudeó, fijando mi mirada en la cocaína.— Le escuche como se reía sarcásticamente. Era espeluznante.
—No debería decir esto, por que me encanta la diversión pero para.—
—Te he dicho que no puedo, me duele mucho.—Dije en susurró algo quejosa.—
—Tocame, y se te pasará.—Extendía su mano hacia a mi. — Fruci el ceño al ver aquella mano. Subía la mirada aquella persona. No lograba ver su cara. Estaba encapuchado. Vestido de negro. Tocaba su mano despacio hasta cogérsela por completo. El cuerpo no me dolía. Había desparecido el dolor. Y la bolsa de mi otra mano había desaparecido. La música de aquella sala no se escuchaba. Solo parecía que estábamos los dos solos.
—¿A que ya no te duele nada?.-Decía mirándome fijamente. Preguntaba en un tono sarcástico.—
—No, ¿Quien eres?.—Quitaba su mano de la mía extrañada. Le observaba de arriba abajo, y me centraba en su cara para verle mejor.— —Soy lo que todo el mundo quiere, ya te lo dije una vez.—
—¿Acaso nos conocemos?.—
—Bueno.—Echo una risa tapando su boca. Andaba por mi alrededor.— No somos mejores amigos, ni tenemos una relación muy estrecha pero coincidimos en la parada de autobús, cuando llegabas tarde a la Universidad, ¿recuerdas?. —Pasaba su mano por el aire. De repente estábamos en aquella parada de autobús señalando. De repente volvíamos a la discoteca.—
ESTÁS LEYENDO
El precio de la vida.
Teen FictionCharlotte Jenkins tan solo tiene 18 años. Entra en la universidad de América más cara y famosa junto a su mejor amigo Nathan. Pero no por que sean ricos, si no por su buenas notas. Es por eso que la reputación de ambos cambiarán. Aunque ella sigue p...
