Sobreviviendo en las calles

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Cobijado por un cielo tormentoso, con rayos rugiendo y apuñalando las negras nubes, premonición de una desgracia, un automóvil se desplazaba por una enorme y vacía carretera.

El conductor apreciaba con gratitud que la autopista estuviera libre, pudiendo desplazarse a gran velocidad con la esperanza de llegar pronto a su destino.

De repente, algo llamó su atención.

Frente a el estaba un letrero que decía: "Kioto 10 km".

Hisashi sonrió ligeramente al ver ese señalamiento y piso el pedal a fondo para llegar a la ciudad.

Hace ya varias horas que había salido de su hogar para dar un pequeño paseo. Había encendido su auto y salió sin tener alguna idea del destino que iba a tomar, sólo sabía que tenía que ir lejos de la ciudad para poder deshacerse de la basura que llevaba en su cajuela.

Su esposa no quiso acompañarlo, decidió quedarse en casa para limpiar. En su cabeza, se hacía un pequeño comentario gracioso respecto a eso y es que pensaba que para su mujer, cualquier hora es buena para limpiar. Sin embargo, después de lo que estaban haciendo, sabía que tenían que eliminar cualquier rastro de evidencia qué los señalará como responsables de la forzada desaparición de su hijo.

Ambos habían acordado que al siguiente día, se presentarían en la estación de policía para reportar que su pequeño Izuku había escapado de su casa sin motivo aparente. Tendrían que fingir por un tiempo ser los típicos padres amorosos y desesperados por localizar a su hijo, anunciando su desaparición a los medios, pegando algunos volantes de "se busca", hasta que poco a poco, fueran perdiendo las esperanzas al no poder hallarlo, quedando así como un caso cerrado al no ser resuelto.

Sin duda, ellos obtendrían algo bueno de lo que estaba por venir, ya que su supuesta perdida les traería la atención de los medios, lo cuál terminaría en una mayor simpatía por parte de la sociedad hacia ellos y mejoraría su estatus como héroes al haberse hecho más conocidos, todo a través de la desgracia qué los iba a afligir.

Sus ambiciosos pensamientos se vieron interrumpidos al poder distinguir los prominentes edificios que adornaban la ciudad y el enorme letrero en el que se podía distinguir "Bienvenido a Kioto".

Aminoró la velocidad internándose entre las calles de la ciudad, buscando el mejor lugar, uno bastante solitario y abandonado dónde poder tirar su basura.

Pronto encontró el sitio ideal:

Un callejón sin salida, dónde se encontraban un montón de enormes contenedores verdes repletos hasta el tope de basura, la cuál a juzgar por la apariencia del lugar, hacía fácil adivinar que no habían sido vaciados en mucho tiempo. Supuso que su pequeño problema podría desaparecer sin que nadie lo molestará o notará tan siquiera, ya que el fétido olor del basurero haría imposible descubrir si había algún cadáver en su interior.

Detuvo su auto y descendió con bastante tranquilidad, procediendo a abrir la cajuela y tomar la bolsa negra que había en ella, no sin antes echarle un último vistazo a su contenido. En el interior, un niño, su hijo, se encontraba en un estado deplorable debido a la golpiza que él y su esposa le habían propinado. Una parte de su ser, le decía que terminará el trabajo de una vez por todas matando al niño; sin embargo, decidió desechar la idea al notar que Izuku a duras penas podía respirar. Decidió que le dejaría ese honor a algún vagabundo o a las ratas del lugar. Tomó con relativa facilidad la bolsa y la llevo hasta uno de los contenedores, sacudiéndose el polvo de las manos y susurrando unas cuantas palabras.

El héroe menos probable Donde viven las historias. Descúbrelo ahora