¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
| ✿ Especial | SQUID GAME.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
— Tengo hambre.
Observé de reojo al de cabellos azabaches, él trae consigo una expresión rara que no se le borró desde el último juego. Quizás sea por la reciente muerte de un íntimo amigo suyo; el cual tampoco se libró de esta cruel competencia.
— Deberías enfocarte en otra cosa, Goku —le aconsejo honesta, solo nos dieron una botella de gaseosa junto huevo cocido. Después de eso los guardias se marcharon—. No creo que den otra ración de comida a estas alturas.
— No seas idiota, todo esto está preparado —otra voz ajena me interrumpió, ambos nos volteamos encontrando al jugador veinticuatro que en ningún momento intercambió palabras con otro.
¿Por qué ahora con nosotros?
Sin sentirme ofendida por su comentario, me cruzo de brazos esperando más respuestas de su parte. Goku por otro lado sonríe amablemente, cambiando así su expresión triste tras el cercano fallecimiento. Con estos días me di cuenta que tiene un carisma fácil de deducir, habla con cualquier persona que se le cruce en el camino y los invita a llevar las aguas calmadas. No como el número diecisiete, de verdad que su actitud desespera bastante.
— ¿Cómo te llamas?
— ¿Es necesario saber mi nombre cuándo tienes un número para identificarme? —Goku asintió, el hombre dudó un poco pero terminó frunciendo las cejas al sentirse intimidado—. Soy Piccolo . . .
Mientras ellos parecen establecer una simultánea conversación, yo me quedo mirando un grupo de hombres que están en el otro extremo del lugar. El más bajo de ellos demostró aires de líder, el otro —que me dan ganas de golpearle la calva— es quién se robó una ración de comida que le pertenecía al jugador ochenta, creando así un conflicto peligroso que se repitió otras cuatro veces.
Entonces las palabras de Piccolo tocaron mi mente, al mismo tiempo uno de aquel grupo me encontró vigilando su zona, para ser exactos: el segundo al mando. Automáticamente mis sentidos se activaron y me vi obligada a desviar mis ojos a otro sector de visualización, si usamos una metáfora obvia; este sitio es un campo de minas, enemigos por doquier levantan sospechas porque una cantidad enorme de dinero está en juego.