✨Editado✨
Habían pasado dos días, y Ero no había vuelto a su celda, ella no supo si fue porque ya estaba ideando el plan perfecto para matarla causándole el peor de los tormentos o porque estaban dejándola pensar y pensar sobre todo lo que había visto últimamente. O en quién había visto la última vez.
Ella estaba segura que era la segunda, estaban dejándola pensar en que Damir seguía vivo.
Había momentos en los que le preguntaba al prisionero frente a ella si se encontraba bien, o él a ella. El prisionero solía preguntarle bastante más seguido que ella. Arani supuso que era por las palizas que le habían dado hace unos días, pero que aún le dificultaban respirar y moverse.
Pero ella no estaba tranquila, sabía que simplemente la estaban dejándola recuperarse para luego darle un golpe aún peor. Lo sabía.
Eso mismo habían hecho en Ethesbba hacía meses.
Se habían retirado de la batalla, solo para volver con más fuerza luego en Ilhea. Seguro habían destruido la Capital y muchas otras Provincias. Ella no quería pensar en eso, ni en quienes habían muerto.
Prefería concentrarse en el niño en la celda de enfrente. Aun no sabía el nombre del prisionero, dejó de insistir luego de que la lanzaron a la celda el otro día luego de la pelea del salón. Al menos sabía algo de su historia ahora, y le daba un poco de alivio pensar que ella no era la única idiota en Yltharia en pedir amor de una familia que nunca la querría.
Y en su mente sonaba tonto, pero ese chico inmortal que no tenía ni veinte años de edad era como un ancla. Él y Khowan, el cual se manifestaba en ese extraño lugar donde sus mentes se conectaban. Ellos dos la obligaban a no caer en la demencia o la tristeza.
Y aunque recién conocía al niño, porque lo era, le había tomado cierto interés, o algo así...
Khowan nunca decía nada, pero si hacía esa cosa extraña que había hecho él día en que ella supo que Damir estaba vivo, esa extraña caricia que la hacía recordar los meses en los que fue plenamente libre.
El prisionero sin nombre parecía saber cuándo ella estaba al borde de caer en la nada, porque siempre llegaba en el momento exacto para preguntarle si se encontraba bien o contarle alguna anécdota de su madre o su padre. Siempre hacía lo mismo. Algunas veces, ella también le contaba cosas de su vida.
Le había contado quien era, mínimamente. Le había hablado de su padre y sus hermanos que la querían en esa celda, pudriéndose. Él nunca le había dicho nada ni preguntado mucho más por ellos, a Arani le preocupaba la falta de información que el niño manejaba.
Él sabía muy pocas cosas de sus gobernantes, y había algo más que ella no sabía si tomar como un milagro o una trampa... Él no sabía absolutamente nada de ella, apenas sabía qué hacía dos años había sido la Comandante del Reino, pero no sabía que todos la llamaban asesina, ni de su no muy lejana mala reputación de mercenaria del Rey.
Parecía no saber absolutamente nada de ese pasado, la conocía poco a poco con lo que ella le contaba con el pasar de los días.
Muchas veces quería reír con las contestaciones sarcásticas y burlonas que él le daba, pero los golpes que sanaban tan lentamente, tan lento como un mortal, se lo impedían. Pero le divertía escuchar la juventud en esa voz, la esperanza que había en sus susurros cada vez que hablaba sobre cómo había sido su vida del otro lado de esos barrotes, como si estuviera seguro de que un día saldría de esa cárcel.
Sin saber que quizá pronto moriría de la peor de las formas.
Ella no deseaba eso para él, ella sabía lo que pasaba con los prisioneros en los calabozos de Kainhet, muchas veces, ellas los arrastró a esos lugares y observó cómo algunos de los Príncipes terminaban el trabajo.
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El Trono de Hielo #2 (Terminada)
FantasíaEl invierno llegó. Pero no el que todos esperaban. Ilhea fue atacada por Kainhet y Arani fue secuestrada por el Rey. Ahora, ella lucha contra el peor de los monstruos, su padre. Y tendrá que ser más fuerte que nunca para enfrentarse al peor de sus i...
