XIX

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✨Editado✨

Kalena salió de su habitación con el volumen I de los Territorios de Yltharia entre sus manos. No pudo evitar que sus dedos apretaran la tapa con mucha fuerza, estaba verdaderamente furiosa. No sabía bien qué era lo que sentía, no tenía idea de cómo catalogarlo; si como enojo, furia, decepción, tristeza una mezcla de todo eso o un sentimiento nuevo.

Lo único que la Princesa sabía era que quería hablar con su hermano, no lo quería... Necesitaba hablar con Khowan.

Caminó por los corredores sin mirar a sus lados, con la decisión en sus ojos y la determinación a la décima potencia. Tendría sus respuestas en ese momento, no había alternativa o destino diferente.

Iría a la oficina de Khowan en ese mismo momento, sabía que a esa hora él estaría allí todavía. Hablaría con él y obtendría todas y cada una de las respuestas que quería. Así tuviera que obligarlo a dárselas.

Y aunque Khowan no le respondiera, ella encontraría la forma, porque más que enojada se sentía... herida.

Su mente funcionaba con rapidez mientras caminaba, casi corría, hasta su destino. De pronto, su camino se vio frenado por un gran cuerpo que chocó con el suyo, una mano la tomó del brazo.

—¿Kaly, estás bien? —pudo oír la preocupación en el tono de la voz de su hermano.

Pero Kalena estaba demasiado concentrada en otras cosas.

—Ahora no, Deker —y dicho eso, lo rodeó y siguió rápidamente con su camino hacia la oficina de Khowan.

Vio a los dos soldados que Nolan había apostado en la puerta de la oficina antes que ellos la vieran a ella. Los portes peligrosos no la frenaron tampoco, se detuvo frente a ellos alzando la cabeza.

—Abran la puerta, por favor —pidió con voz firme, pero sin perder la amabilidad, esos dos soldados no tenían nada que ver con la furia que hervía en su interior.

Al instante, los dos soldados asintieron y uno de ellos abrió una de las puertas de madera oscura, en ese mismo momento Kalena agradeció y pasó a la oficina de su hermano con el libro aun en sus manos frías por el invierno.

Apenas se cerró la puerta detrás de ella, Khowan levantó la cabeza de sus papeles, libros y mapas. Su mente viajó momentáneamente hacia los Reyes de Nahobian y Ethesbba, y en la Jefa de los Montañeses que en ese mismo instante debían de estar recibiendo una cena mientras ella planeaba como no gritarle tanto a su hermano mayor.

Había sido una reunión muy buena, habían podido informarse entre todos de varias cosas; era una buena noticia que los huevos en Nahobian estuviesen por romperse y que Ethesbba estuviera mejorando sus barcos a la perfección, también que en las montañas del este estuviesen extrayendo hierro a montones para la fabricación de armamento.

—Khowan —lo llamó aun sabiendo que él ya la estaba observando.

—Kaly, que bueno que viniste, necesito pedirte un favor... —habló su hermano con la voz dulce con la que siempre le hablaba, le hacía difícil mantenerse enojada.

Vió a su hermano con atención, se veía igual que siempre, y a la vez no... Era como ella, se veían igual, pero ambos habían cambiado.

Ella había perdido peso, no necesitaba que alguien se lo dijera. Lo había notado en el momento en que notó que su ropa le quedaba más holgada. Estaba empezando a recuperarlo en musculo gracias a sus entrenamientos diarios y a que estaba comienzo lo que debía cada día. Otra cosa que había cambiado en ella eran sus vestidos por camisas, su rostro estaba más afilado. Sus mejillas y orejas rojas, aunque las primeras se veían así debido a las quemaduras que el frío le había provocado.

El Trono de Hielo #2 (Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora