XXXII

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✨Editado✨

Cuatro Semanas y Cinco Días Después del Juramento de Sangre

Cuatro semanas y cinco días. Ese era el tiempo que había pasado desde que habían intentado matarlo.

Su propia familia. Aunque Ihan sabía que ellos jamás serían su familia. Habían matado a su padre, jamás podría sentirlos una familia.

Su familia eran sus padres, su abuela y Arani. Nadie más.

Cada día, lo sacaban de su celda y lo llevaban a la sala del trono, lo dejaban parado en un rincón, con sus cadenas y con dos soldados a cada lado. Luego entraba el Rey con sus Príncipes siguiéndolo.

Minutos después, Arani entraba a la sala del trono por una puerta secundaria y se quedaba cerca de ella en caso de que el Rey quisiera algo.

Ihan siquiera podía mirarla. No después de lo que ella había hecho.

Ella, meses atrás, le había dicho a Ihan que haría cualquier cosa para no estar nunca más bajo el control del Rey, podría seguir encarcelada, golpeada y forzada a pelear en las arenas y trabajar como los demás prisioneros. Pero al menos sus decisiones seguían siendo suyas, ella aún seguía decidiendo dejarse capturar, ella aún decidía trabajar para evitar que la mataran.

Y ahora, por su culpa, eso también lo había perdido.

Hacía cuatro semanas y cinco días, Arani había perdido el libre albedrío por completo. Y todo era su culpa.

Luego de que los llevaran a ambos a la sala del trono y los dejaran verse el uno al otro había sucedido el desastre. El Rey lo había sacado de su celda por primera vez desde que lo había golpeado en el comedor días antes de eso. Lo habían encadenado y llevado a la sala del trono donde lo presentaron como el bastardo que su padre Erik había tenido con una simple costurera.

Malditos desgraciados.

El Rey había amenazado con asesinarlo si Arani no le daba información sobre la Alianza de Ilhea con las otras naciones de Yltharia en contra de Kainhet, ella por supuesto se había negado. Pero cuando Ero estuvo a punto de cortarle la garganta ella dijo que se detuvieran.

Y todo se derrumbó.

Ella pidió disculpas por pedido del Rey, se humilló, se arrodilló en un círculo repleto de cristales para pedirle perdón al desgraciado y luego, cuando no hubo otra manera de evitar que lo mataran... Ella hizo un juramento de sangre.

Ella les daría toda la información que ellos quisieran, cumpliría sus órdenes, deseos y cada cosa que ellos le dijeran por el simple hecho de que dejaran a Ihan vivo.

Había dado lo último que tenía para ella solo para mantenerlo a salvo.

No importó que tanto Ihan chilló, gritó, forcejeó y pataleó para escaparse y evitar que su tía hiciera tal cosa. Nada funcionó y ella terminó tirando su sangre para mantenerlo a salvo.

Ojalá lo hubiesen matado antes de llegar al salón del trono. Ojalá lo hubiesen matado seis meses atrás, cuando Arani no lo conocía y él tampoco la conocía personalmente. Ojalá nunca se le hubiese ocurrido la estúpida idea de ver por primera vez a la familia de su padre. Ojalá jamás hubiese tenido diecisiete años y la estupidez de todo el mundo para meterse dentro de ese castillo y pensar que todos esos bastardos lo querrían de la misma manera que un abuelo quiere a su nieto, o un tío a su sobrino. O que lo querrían, aunque sea una pizca de lo que su padre llegó a amarlo.

Tonto y mil veces tonto.

No solo había arruinado su vida, había arruinado la vida de su madre que hace un año que no lo veía, había arruinado la vida de Arani al ir al castillo convirtiéndose en una debilidad para ella.

El Trono de Hielo #2 (Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora