XV

167 24 4
                                        

✨Editado✨

Lo primero que hizo por la mañana fue quitarse las mantas de piel para luego vestirse con pieles, de alguna forma debía hacer que el frío invierno no llegase a él.

Luego se acercó a su ventana y con el cincel que había cerca comenzó a quitar la escarcha que había en el cristal por la parte de adentro. Se suponía que siendo el Rey no debía hacer esas cosas sino sus sirvientes. Pero ellos ya tenían miles de cosas que hacer y aunque no hiciera la gran diferencia sacándole la escarcha a un cristal era algo menos que ellos tenían que hacer.

Sus padres se lo habían enseñado desde que era apenas un pequeño. Khowan jamás se había considerado un niño mimado, si bien jamás le había faltado nada y había vivido entre riquezas jamás había sido caprichoso. Cuando tuvo edad suficiente comenzó a vestirse y asearse solo. Siempre se arregló por sí solo, a veces le pedía consejos a su padre cuando los necesitaba.

La única vez que no había sido así, había hecho un berrinche y le había gritado a una mujer que servía en el castillo. Su padre le gritó por horas diciéndole que algún día él sería el Rey y debía comportarse como tal.

Le había dicho que Ilhea no necesitaba un Rey caprichoso sino uno que les brindara honor. Y Khowan siempre había intentado brindarles eso cada día a su pueblo.

Así que por mínimo que fuera, comenzó a quitarles la escarcha a cada ventana de la habitación, incluso las partes altas.

Una vez que terminó caminó hacia la puerta de su cuarto y salió, casi a la misma vez que Kalena salía a dos puertas mientras se ponía unos guantes. Khowan sonrió al saber que Kalena había hecho lo mismo que él, caso sonrió al ver su nariz roja por el frío, se acercó a ella sabiendo que ambos iban hacia el mismo lugar.

—Buenos días, Kaly —le dijo a su hermana acercándose a ella con una media sonrisa.

—Buenos días —respondió esta cuando Khowan se acercó —. Oye, ¿qué haces?

Khowan no respondió, simplemente levantó la mano y comenzó a esparcir bien el ungüento por la piel de su hermana menor.

—El ungüento está mal esparcido. Sabes que te quemará la piel si no la colocas bien, es una mezcla fuerte, nariz roja —le recordó terminando de esparcir la sustancia cremosa por sus mejillas quemadas por el frío.

—Oh, no lo noté, gracias —le dijo ella acomodando un mechón de cabello obsidiana detrás de su oreja puntiaguda —¿Vamos? Ya deben estar por llegar.

—Tienes razón. No queremos hacerlos esperar.

Comenzaron a caminar por los corredores de piedra hasta llegar a las escaleras y terminar en la Sala del Trono. Pronto su madre junto a Deker se unieron a ellos, caminaron sobre el piso de mármol y piedra azul.

Khowan no pudo evitar fijarse en el sitio donde él había estado tirado, desangrándose por la que ahora formaba una cicatriz en su estómago. Ahora solo había un suelo totalmente reparado. Habían reparado casi todo el piso por completo, borrando las marcas que el hielo de Arani había dejado en varios espacios del salón, incluso ese círculo que ella había hecho alrededor de ambos mientras le daba su sangre. Ahora no quedaba recuerdo de nada de lo que había sucedido hacía tres meses.

Habían intentado limpiar incluso el charco que su propia sangre había dejado, pero no habían podido. Al final habían cambiado todo el suelo por completo.

Lo que Khowan sí recordaba era cada pequeño segundo desde que esa espada lo cortó. Incluso podía recordar los rasgos duros y a la vez increíblemente delicados de la mujer que lo salvó cuando la máscara se le cayó del rostro.

El Trono de Hielo #2 (Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora