✨Editado✨
—Vamos, ¡Levántate que no tengo todo el día para esperarte, vaga asesina! —le gritaron a pocos metros.
Increíblemente seguía teniendo apodos nuevos, aunque no se habían esforzado mucho por este, siquiera rimaba.
Esas eran las cosas simples que Arani pensaba en algunos momentos, para no pensar en cosas horrendas. Muerte, sangre, golpes, torturas, entre muchísimas cosas más. Nunca se sabía que nuevas cosas horrendas se les podían ocurrir a los Kainhet que se encontraban en el salón del trono.
Arani separó mínimamente la cabeza de su brazo para ver la figura vestida de dorado y piel grisácea del guardia que le gritaba en ese momento. Debía ser un soldado un poco importante, no a todos les daban pieles para que se abrigaran, muchos conseguían alguna pieza de cuero para hacer sus ropas más abrigadas, lana o telas más abrigadas. Pero pieles... solo los importantes podían llevar puesta una prenda de piel encima de la armadura de escamas doradas.
—¿Acaso no me oíste? ¿O debo gritar más fuerte? —preguntó sarcásticamente el soldado.
—No, gracias, tu voz es una de las muchas cosas que no quiero oír justo ahora. Eres muy amable —respondió ella con voz ronca mientras se sentaba contra el muro de piedra fría para así mirarlo.
Porque si al soldado se le antojaba golpearla estar acostada no le convenía. Mantenerse sentada tampoco haría mucho, pero le daría más esperanza de seguir conservando sus diez dedos.
—No te hagas la graciosa si quieres seguir teniendo la piel en su lugar —Arani quiso torcer la boca al oír esa frase.
Varias veces la había oído en esos mismos corredores, de parte de muchos soldados. También la había oído en Morthane, mil veces más, por parte de los centinelas que custodiaban las cuevas hechas celdas. Y ella había visto que esa frase no se refería verdaderamente a despellejarla parte por parte, si no a algo que era mucho peor. Prefería ser despellejada que pasar por eso.
Ella no contestó mucho por el asco que comenzaba a formarse en la base de su garganta impidiéndole hablar. El golpe que había recibido en el mismo lugar la tarde anterior ayudaba a esa causa.
La habían golpeado bastante antes de que Arsel los detuviera, una de las botas había impactado con su cuello dejándola sin habla. Ahora tenía un enorme moretón en ese lugar, le sorprendía poder hablar.
—Entren —ordenó el soldado, y el cuerpo de Arani se tensó duramente por un instante, pudo ver la sonrisa en la boca del soldado, le divertía haber visto su reacción —. Déjenla limpia, el Rey quiere ver todas esas manchas moradas.
Al instante que dijo eso, un grupo de tres mujeres entraron a la habitación de la torre, dos de ellas cargaban un pequeño cubo con agua con un cepillo de tiras de kipia.
Eran dos mensajes. Uno, el cepillo estaba hecho de madera de kipia, la más dura de Yltharia y la que ella misma había cortado en sus dos años en Morthane.
Y dos, le dolería y mucho cuando ese cepillo pasase por su piel. La dañaría y rasparía.
La otra mujer llevaba en un hombro una camisa marrón y un pantalón que parecía ser del mismo color, mientras que en una de sus manos llevaba un trapo negro y un jabón verde, un verde extrañamente brillante.
Incluso Arani se sorprendió al ver que a los jabones también se les ponía ocluyente.
Escuchó en el fondo como la puerta se cerraba de manera brusca, pero ella no despegaba su mirada de las tres mujeres humanas.
Sus ropas eran harapientas, llevaban unos vestidos raídos y marrones con delantales grises al frente, en su cabeza había una especie de gorros que les cubrían gran parte de la frente y toda la cabeza, mientras que por un costado de sus hombros caía una trenza perfectamente idéntica en las tres. Sus rostros estaban delgados y opacos por la mala alimentación.
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El Trono de Hielo #2 (Terminada)
FantasíaEl invierno llegó. Pero no el que todos esperaban. Ilhea fue atacada por Kainhet y Arani fue secuestrada por el Rey. Ahora, ella lucha contra el peor de los monstruos, su padre. Y tendrá que ser más fuerte que nunca para enfrentarse al peor de sus i...
