Dos pies izquierdos

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Tengo dos pies izquierdos y, a menudo, no coordinan los pasos que dan; van y andan por donde les da la gana.

Tropiezan con todo lo que en su camino se atraviesa.
Por ejemplo, cuando me hicieron tambalear ante tu mirada, o la vez que se lanzaron a trompicones directo a tus labios sin pena, pese a ser observados por todos lados.
¿Te cuento un secreto?
De eso yo los aconsejé; no me arrepiento.

Y ni hablar de cómo a propósito cedieron ante tu encanto y me aventaron de bruces a tus gentiles manos.
Y bien me acuerdo de la ocasión en que me hicieron estamparme en tus brazos, en tus abrazos.

Algo me dice que no están tan chuecos; más bien se hacen los ingenuos.
Simplemente, me querían contigo.
No los puedo culpar, así son ellos, testarudos...
Pero sabían lo que querían: llegar hasta ti.

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