CHAINED TO THE HEARTBEAT

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— Vaya que es linda, ¿no crees, Kara? — la nombrada dejó escapar un gemido de irritación.

— Una vez más, Alexandra, ¿qué diablos haces aquí? — preguntó Kara.

— ¡Vamos, hermanita! Me aburro entre los muros de ese frío castillo tuyo. Además, tengo un par de conocidos en New Castle, las circunstancias no son las mejores, pero será bueno reunirme con ellos, ¿no crees?

— No, no lo creo. Hermana, de verdad te hace falta mucho de sentido común. Es una maldita guerra, no es ninguna excursión.

— Como digas. Entonces, ¿Lena Luthor? ¿Por qué no me habías dicho nada de ella? Mira que es un buen partido, viene directamente de la cuna de estudiosos de culo sensible — Alex dejó claro su desagrado por los estudiosos, por lo que Kara no pudo evitar reír. La pelirroja la vio por unos segundos — Para estar en medio de una guerra mortal y casi empezar una mágica, luces... no muy tú. Además, ese ataque de hace unos días... —

— Nada de lo que tengas que preocuparte. Y no te hablé de la señorita simplemente porque no soy de las que se empeñan en el chismorreo — Kara concluyó el tema de Lena. Muchas cosas tenían que permanecer bajo llave, todo lo que rodeaba la magia mayormente, incluso de su hermana.

— ¿Crees que sea soltera? — preguntó Alex fijándose en la pelinegra que yacía en una cómoda cama. Una ventana estaba a un lado de donde reposaba, por lo que el sol acariciaba casi con suavidad su pálida piel.

Kara se movió tensa entre el pequeño cuarto en el que estaban. Alexandra tenía el don de ser toda una molestia cuando ella deseaba más que nada discreción. Sabía que recorrer mucha tierras con una bruja a cuestas no sería fácil, pero las miles de preguntas de su hermana no estaban haciéndole el trabajo más fácil.

— No lo sé y no es de mi incumbencia. ¿No tienes planes para hoy? — preguntó la rubia exaltada.

— Kara, ¿estás echándome? — Alex preguntó en burla — ¿Quieres estar solita con la estudiosa de cul...?

— ¡Ya vete de una buena vez! — Kara la interrumpió. Alex rompió en una estruendosa risa, lo que provocó que la joven en la cama empezara a regresar a la consciencia. Alex escaneó momentáneamente a la mujer y después a su hermana, le regaló una sonrisa lasciva.

— Diviértete con esa dulzura — y dicho aquello se fue sin parar de reír.

Kara evitó lanzarle un insulto y prestó atención al cuerpo que se movía entre las suaves sábanas. La rubia tomó una pequeña silla que estaba a un lado de la puerta y la acercó a la cama, se sentó cruzando sus piernas elegantemente. Durante varios minutos observó en silencio el cabello negro de su bruja. Por lo visto la joven no tenía muchas ganas de volver al mundo real. Kara blanqueó sus ojos y después miró el pequeño escritorio que estaba a un lado de donde descansaba la joven. Sonrió al observar un abridor de cartas. Kara tomó el pequeño cuchillo y empezó a pinchar el cuerpo de Lena, quien empezó a retorcerse mientras soltaba gemidos de molestia.

— ¡Wakey, wakey, brujita! — empezó Kara a canturrear.

— No... — Lena murmuró. Kara supo que todavía no estaba del todo despierta. Pinchó con más fuerza — ¡Ouch! — la pelinegra estuvo sentada en un santiamén.

Kara sonrió al ver el desastre que era Lena. Su cabello estaba ahora enredado en figuras graciosas, tenía una mueca en su cara al sentir los rayos del sol cayéndole directamente y la bata blanca de dormir que usaba estaba manchada de sangre sobre su hombro. La herida que ella había provocado.

— Buenos días, princesa, ¿qué tal has dormido? — preguntó Kara.

Lena no contestó. Dejó que las memorias llegaran a ella mientras se frotaba los ojos suavemente, para ahuyentar el cansancio. Cuando hubo terminado observó su entorno. Empezó detallando y palpando las suaves sábanas, que eran rojas con patrones casi infinitos. Observó a través de la ventana, aunque tuvo que esforzar la mirada a causa de la luz, fue testigo de una hermosa mañana, del cielo azul y de las aves que lo atravesaban. Momentos después repasó la habitación en la que estaba, era pequeña y rústica. Una sensación de calidez la invadió cuando sus ojos cayeron en las pequeñas decoraciones que descansaban en las repisas, figuritas doradas, muchas de ellas soldados en la lucha. Así fue deteniéndose en los rollos de suaves telas hasta los bien trabajados dibujos en las paredes, hasta que por fin llegó a la fuente de sus pesadillas, una rubia que la veía fijamente.

BLACK MAGIC [SUPERCORP]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora