El canto de los pájaros sonaba mil veces más fuerte de lo que debía ser. Sentía el cuerpo entumecido, restringido y frío. Su boca estaba seca, su garganta dolía y su cabeza daba vueltas. Se sobresaltó en su lugar. Intentó moverse, quitar esa pesadez que sentía, pero todo parecía inútil. Sus ojos se abrieron, muy lentamente. Una luz cegadora le impidió mantenerlos abiertos. Trató por lo que parecieron minutos, hasta que pudo acostumbrar su mirada a la continua luz. Un techo, viejo y maltrecho, la contemplaba. No reconocía aquella mancha blanca, ni los puntos en éste. Intentó una vez más moverse, pero todo parecía tan infructuoso que no pudo evitar el desespero que empezaba apoderarse de ella. Un olor putrefacto inundó sus fosas nasales, era húmedo y pesado.
Cerró los ojos e intentó aclarar su confundida mente. Veía todo borroso, memorias sin línea alguna que seguir. Así, de un momento a otro, un terrible dolor le hizo soltar un alarido. Su pierna quemaba terriblemente. Abrió una vez más los ojos al sentir que su cuerpo empezaba a temblar sin control. La movilidad en su cuerpo empezó a llegar progresivamente, por lo que aprovechó la oportunidad para observar la fuente del dolor. Una sensación poderosa de asco se apoderó de ella, su pierna estaba casi morada, de una herida abierta goteaba sangre y pus. Aquello era lo que olía mal, su pierna se estaba pudriendo. Un viento helado atravesó su cuerpo ante la realización. ¿Cómo...? ¿Qué había sucedido? Entonces las memorias la atropellaron. El bosque, la flecha, la reina. Ahora era consciente del sudor que cubría su rostro. Con pesadez levantó su mano izquierda y la pasó por su rostro. Unas nauseas le provocaron arcadas, pero su estómago estaba vacío, no había nada que sacar de él.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, moriría. Recordaba vagamente las palabras de la monarca, sabía que era una bruja. Aunque realmente no tenía idea de cómo había sucedido tal cosa, quizá era cierto lo que decían, Kara Danvers era una cazadora experta en atrapar brujos, su odio contra su pueblo iba más allá de las habilidades ancestrales. Si ahora utilizara sus habilidades para curar su pierna... Iba a morir de todos modos, quería por lo menos morir con todas sus partes sanas. ¿Realmente... realmente iría a la hoguera? La palabra tortura llegó a su cabeza. Tembló una vez más, por supuesto que la cruel gobernante querría hacerla hablar, sacarle cada gota de información. Otro fuerte recuerdo volvió a ella. Su madre y su hermano, si no la mataba la reina, ellos si que lo harían. Jodió todo, estaban perdidos.
Unas fuertes pisadas retumbaron por sus oídos. Su cuerpo reaccionó tensándose, anticipando. El ritmo era constante, duro, y se acercaba cada vez más. El chirrido de una puerta abriéndose la alertó, sus ojos solo habían repasado el gastado techo. Volteó con suavidad la cabeza y observó el lugar donde se encontraba. Una celda. Estaba echada en el polvoriento piso de una muy sucia celda de no más de dos metros por dos metros. Los barrotes que la encerraban estaban oxidados y solo había una pequeña ventana, que si bien iluminaba la pequeña celda, no le daba vista alguna de lo que había más allá. Una respiración algo trabajada le hizo saber que alguien se encontraba al otro lado de los barrotes, no veía nada, solo escuchaba.
— Bueno, pero si la bella doncella ha decidido despertar ya — Lena se encogió al oír aquella intimidante voz. Esa mujer la aterraba.
El sonido de varias llaves chocando entre sí le hizo prestar atención. La reina abrió la puerta de su celda y con un paso lento entró. Vestía un sencillo traje blanco con bordados dorados, era un bello vestido. La mujer llevaba su largo y rubio cabello suelto, estaba desordenado, pero incluso así podrías decir, sin equivocarte, que se trataba de alguien de la realeza. No llevaba joya alguna a la vista, solo una enorme y amenazante daga, guardada en su estuche y atada a su cintura. Su cuerpo casi convulsionaba de lo asustada que estaba.
— Hueles horrible y luces peor — la mujer le regaló una sonrisa ladina — ¿No dirás nada?
Lena aclaró su garganta, dejando pasar la dolorosa resequedad.
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BLACK MAGIC [SUPERCORP]
FanfictionKara Danvers era una reina cruel y despiadada, que odiaba la magia y estaba dispuesta a aniquilarla sin importar las consecuencias. Aquello era algo que Lena Luthor debió recordar antes de adentrarse por los espesos bosques de Camelot. [EN PAUSA]
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