El olor de aromatizantes inundaba sus fosas nasales. Naturales y dulces, muy dulces. Había estado soportando muy bien las nauseas hasta ahora, pero si pasaba una hora más en aquella caravana no lo soportaría. Además, el continuo balanceo de la tienda la estaba mareando cada vez más. Su cabeza daba vueltas y su mirada se volvía borrosa. Líneas de colores, puntos y figuras, su cabeza no podía analizar completamente las imágenes que contemplaban sus ojos.
Era su segundo día en la marcha hacia un lugar que la reina había llamado "New Castle". Y si bien la reina había sentenciado que debían compartir tienda, pues por sus palabras, "no le dejaría el camino libre para escapar", no se había aparecido ni una sola vez. Por supuesto, sabía que había oficiales en sus caballos, manteniéndola en su lugar. Además, una mujer rubia, alta y delgada, bastante seria, había estado visitándola cada par de horas. Supo que después de visitarla, llevaba información a la rubia. Era la prisionera de la reina.
Dos días casi completos llevaba encerrada y ni una sola vez la caravana había detenido su camino. Los olores y movimientos continuos sí que la estaban volviendo loca; aunque agradecía no haber visto a Kara durante tanto tiempo. También la estaban matando las ganas de ir al baño y no había podido ir ni una sola vez. Su vejiga explotaría definitivamente. Con esa idea en la cabeza, se movió del montón de almohadas en las que estaba y con lentitud gateó hasta una puerta corrediza. Trató una, dos y en el tercer intento de abrir la puerta, se rindió. Lena dejó salir un gemido de frustración. Golpeó en un par de ocasiones la puerta.
— ¡Oigan! ¡Necesito un maldito baño! — exclamó la pelinegra a cualquiera que pasara por ahí. El sonido de un caballo relinchando y deteniendo sus pasos le hizo entender que su petición había sido escuchada.
Lena retrocedió cuando la puerta empezó abrirse lentamente. Rayos de sol acariciaron su piel, por lo que tuvo que recurrir a sus manos para controlar la sensibilidad de sus ojos a la luz. Por unos muy cortos segundos, observó el día cálido que la saludaba. Estaba lejos de ser un perfecto día de verano, pero era un respiro de los fríos días que caían en aquella tierra. Un hombre, corpulento y con un feo bigote blanco, que apareció del otro lado, la repasó con mucho cuidado. Lena se sintió incómoda bajo esa mirada. Era uno de los guardias reales. En los pocos días que había estado en Camelot, alcanzó a repasar por su ventana cada detalle de aquel lugar, desde sus jardines hasta sus visitantes. Los guardias reales vestían una cota de malla con el logo real, un dragón protegiendo una piedra preciosa, verde y brillante.
— Decías, princesita — el hombre le regaló una indecente mirada. Lena apretó la mandíbula y respiró con fuerza.
— Necesito ir al baño — respondió simplemente. El hombre soltó una estruendosa carcajada, varias gotas de saliva cayeron a centímetros de su cuerpo. Un nudo se apretó en el estómago de la joven, asco e impotencia atravesaban su cuerpo, peleaban por ser el que más provocara reacción en la pelinegra.
— Yo estaría complacido de apoyarte en eso — dijo el barbudo, de inmediato, una oleada de risas llegó hasta los oídos de Lena. Se estaban burlando de ella — Podría ahora, linda.
— No creo que eso complazca mucho a tu reina, ¿no es así? No creerás que duermo con ella por nada — Bueno, tenía que defenderse de alguna manera y al parecer usar aquel infernal nombre sí que servía, pues el hombre palideció de repente... pero después volvió a reír. Detrás de él aparecieron más hombres, todos de la guardia real, incluso una mujer se mezclaba entre ellos.
— La reina tiene los votos más honorables, pequeña zorra. ¿Eres eso acaso? ¿La puta de la reina? — dijo un joven de cabello suave y castaño — El mundo sabe que las aventuras de cama no son lo de ella.
— ¿Qué sabes tú acaso, Loren? ¿Siquiera has tocado a una mujer en toda tu vida? — la mujer preguntó fríamente mientras observaba atenta a la pelinegra. Su cabello estaba atado en una rebelde coleta, mechones de su pelirrojo cabello caían sobre su rostro fuerte y marcado. Tenía un rostro hermoso, que se fue transformando en una mueca cruel — Además, mírala, parece orgullosa de su posición, tal vez abrió tanto las piernas que logró convencer incluso a la reina — y de nuevo, risas la bombardearon. Su rostro se tornó tan rojo que se llegó a preguntar si en su otra vida no había sido una especie de tomate. Estaba avergonzada y enojada con ella misma, el pensamiento de siquiera verse atada, de alguna manera a la rubia hacía que su estómago se contrajera todavía más.
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BLACK MAGIC [SUPERCORP]
FanfictionKara Danvers era una reina cruel y despiadada, que odiaba la magia y estaba dispuesta a aniquilarla sin importar las consecuencias. Aquello era algo que Lena Luthor debió recordar antes de adentrarse por los espesos bosques de Camelot. [EN PAUSA]