Un ruido me desconcentró y guardé rápidamente la cajita detrás de mi espalda.
Era mi tío, que vio que mi caballo llegó al galope solo y supuso lo que había pasado. Me subí atrás de él, en su caballo y caminamos lentamente por el estrecho camino que conducía a la casa.
Yo escondí la caja todo el camino, sin ni siquiera hablar sobre lo ocurrido. Un poco después llegamos.
Entré por la puerta trasera y me subí a escondidas a mi habitación. Puse la cajita debajo de mi cama, y entré al baño para limpiarme.
Me saqué toda la ropa y la dejé tirada en el suelo. Me metí en la bañera y empecé a raspar con mis uñas la sangre seca. Cuando me enjaboné, sentí que la puerta se abrió, pero no le di importancia.
Un segundo después sentí un golpe en la cabeza, resbalé y quedé tendida en la bañera. Dejé de ver y no sentía mi cuerpo.
Tuve un sueño raro ese día. Soñé que caía por un tobogán y al final, donde se supone que debería estar la tierra que recibe tus pies, había un agujero negro que me llevó a una ciudad gris.
No tenía color ni sonrisas. Toda la gente me miraba, porque estaba llena de sangre, roja. Estaban tristes, algunos lloraban y me decían que me dirija hacia la montaña. Una montaña blanca, llena de nieve.
Cuando llegué al pie de la montaña decidí subirla. Hacía frio. Mientras más la subía aumentaba el calor, cada vez sentía que me estaba acercando más al infierno.
Cuando llegué a la cima, mis piernas y mis brazos estaban totalmente cubiertos de sangre, y cuando miré para atrás estaba mi rastro en la nieve caliente.
Sentí que alguien me tocó el hombro y cuando me di vuelta allí estaba ella. Mi mamá. Esa persona que me protegió desde que estaba en su vientre, que me alimentó y que me ayudó.
Ella, la más bella de todas, parecía estar triste.
- Mamá, ¿Por qué lloras? — le pregunté.
- Hijita, como desearía que nunca despiertes...-me dijo abrazándome fuerte
- ¿de dónde? — le pregunte un poco desconcertada.
- De la vida... - me dijo rompiendo a llorar.
No entendí muy bien lo que ella quiso decirme, pero al terminar esa frase me alejé un poco de ella, pero no siguió llorando, sus pupilas se dilataron y empezó a gritar desesperadamente.
Después de los gritos comenzó a perseguirme, corrí lo más rápido que pude, pero tropecé con una rama y caí por la montaña. Me levanté para mirar si me seguía pero no veía nada.
Lo que yo no me esperaba fue que un gigantesco árbol que se estaba cayendo en dirección hacia mí y no podía moverme, mis piernas estaban congeladas y un segundo antes de que me pudiera alcanzar, mi madre me empujó salvándome de que me aplaste, pero ahora ella había muerto, por segunda vez. Ahora no sentía ninguna parte de mi cuerpo y no me podía mover.
- Quizás este muerta- pensé un poco desilusionada.
Ese momento podía ser mi último minuto de vida, tal vez mi último movimiento, mi último campamento. Pero por alguna extraña razón no sentía miedo alguno, estaba más que decidida a despertar de nuevo.
Luché para poder levantar la mirada y salir de esa pesadilla.
Abrí los ojos por fin y lo primero que logre ver fue el techo blanco cargado de luces potentes que me cegaban, no era el de mi habitación, eso era seguro. La iluminación me obligaba a parpadear y a tener los ojos casi cerrados para no quemarme las pupilas.
Terminé acostumbrándome y bajé la mirada hacia mi cuerpo que estaba conectado con cables a una pantalla que marcaba algo tan simple como mi estado: viva o muerta.
Un dolor de cabeza empezó a aparecer de repente, era tan fuerte que los sonidos me aturdían, cada pitido de la máquina, cada segundo del reloj, mi respiración.
Levanté mi mano y me toqué detrás de la cabeza, de donde venía el dolor. Miré mi mano y vi sangre otra vez, así que dejé que el mismo dolor me anestesiara y cerré los ojos para dejarme llevar.
Desperté en una camilla pero esta vez solo veía con un ojo, el otro por razones que yo desconocía, suponiendo que era para tapar la sangre que recorría mi cuello.
Quise levantarme pero me lo habían impedido atándome las manos y los pies en la camilla cuando estaba inconsciente y se habían olvidado de quitarme las ataduras o tal vez no. Conseguí alcanzar un poco de lo que sobraba del nudo que mantenía prisionera a mi muñeca y lo desaté con la boca.
Levanté mi cuerpo con todas mis fuerzas y cuando quise levantarme y caminar hacia la salida, mis piernas fallaron y caí de rodillas.
Intenté levantarme con ayuda de la mesita de noche que estaba a mi lado, cargada de vendas ensangrentadas un vaso de agua y dos pastillas azules y blancas.
Cuando logré sentarme de nuevo en la camilla, mi médico entró a verme.
- Señorita Dempsey veo que esta despierta- me dijo con un gesto atacante.
Tenía muchas ganas de salir corriendo de la habitación, pero mis piernas fallarían de nuevo y mi médico ya había cerrado la puerta, sabiendo las intenciones que yo tenía.
El señor Brownell debe tener unos treinta y dos años o más y unos ojos grises que a veces a la luz parecen no tener color y eso me da miedo, solo se puede distinguir la pupila negra. Parece sacado de un libro de terror, porque tiene una cicatriz que empieza desde el cuello, se esconde por debajo de su bata blanca de médico y vuelve a salir por el antebrazo.
Nunca me he atrevido a preguntarle qué le pasó allí, así que solo me digno a mirar hacia otro lado, que tampoco sean sus ojos aterradores.
No me gusta ese hombre, siempre hace lo posible por que los tratamientos que debo soportar sean los más dolorosos.
Pero quizás yo me equivoco sobre lo que pienso de él, tal vez solo es un hombre dispuesto a ayudar a gente que sufre, quien sabe por qué razones, pero a mí se me ocurre que podría ser porque él también estuvo en una camilla, como en la que estoy sentada yo, pero con un gran corte ocasionado por algo.
Estaba buscando algo en los cajones de una mesita con medicamentos, hasta que veo que saca una gran jeringa, casi me da un ataque al verla. Limpió mi brazo con un algodón impregnado de alcohol, dio unos golpecitos y clavó la aguja en mi hombro.
Dolió, pero luego de unos segundos no sentía nada de vuelta y los parpados empezaron a pesarme cada vez más y más, y casi sin darme cuenta quedé totalmente dormida.
voten!! Gracias por leer, espero poder seguir escribiendo.
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Lancelot -caballo-
FantasyZaira es una chica que vive con su tio, despues de una tragedia. Historia hipica de ficcion en la que no solo hay simples humanos. Como en toda novela hípica, los caballos son el corazón de los personajes y de seguro (si te gustan los caballos) te...
