🌡

158 23 25
                                    


Jungkook miró nuevamente alrededor, esta vez, en busca de un lugar donde esconderse o de alguna excusa que pudieran dar si no lograban dar con la primera opción.

El corazón de Jimin también iba acelerado, por un segundo quedó en blanco, pero necesitaban una solución antes de que todo empeorara. Analizó su alrededor y se acercó hasta un armario donde el director al parecer solo guardaba una pila de cajas de zapatos y unos cambios de traje colgados en perchas.

—Podemos entrar aquí... —Indicó Jimin.

Aunque el espacio se notaba estrecho, Jungkook no se tomó el tiempo de refutar o medir si entraban o no, simplemente corrió hacia la dirección de Jimin para tomarlo del brazo y entrar juntos al armario antes de que la puerta de la receptoría se abriera y la voz del director refunfuñando se oyera más cercana.

Finalmente la puerta de la ofician se abre y el viejo hombre entra a pasos fuertes delante de los dos estudiantes cabizbajos.

—Por favor, entren y siéntense.

Dentro del armario no podían verse con claridad ni había un hueco por dónde ver qué sucedía afuera. Por la adrenalina que sintieron un segundo atrás, no tomaron en cuenta la posición en la que se encontraban; ambos prácticamente abrazados por el espacio que resultó más pequeño de lo que se veía.

—¿Puedo saber a qué se debía tal escándalo? ¡Para colmo frente a la escuela!

Jungkook tanteó un segundo el lado en el que estaba apoyado, encontrándose con un pequeño botón que, al presionarlo, prendió una muy, muy tenue luz amarilla sobre sus cabezas.

Ambos se miraron asombrados. Si no fuera por la pila de cajas detrás de Jimin, sus pechos no estarían prácticamente pegados y sus piernas enredadas. Avergonzados, cada uno dirigió la mirada en direcciones diferentes.

Era sin duda una situación calurosa, literalmente, porque el aire viciado los estaba haciendo sudar, y eso que no habían pasado más de cinco minutos.

¿Qué podían hacer?

El aire se volvía pesado, tanto que por un segundo pensaron en salir del armario sin importar que los atraparan. Sin embargo, no era conveniente para ninguno, así que preferían morirse asfixiados antes que ser encontrados, rendirse sería como sacarle merito a todo lo que hicieron para llegar hasta ahí.

Jimin se removió un poco por la incomodidad que le estaba generando su ropa al pegarse a su piel por el calor que comenzaba a ser sofocante, sintiendo como un agradable cosquilleo se formaba en su pelvis al hacerlo.

Jungkook apretó la mandíbula. Tembló un poco ante el roce que se provocaba con el movimiento, captando la atención del rubio, que finalmente conectó mirada con él.

Ahora estaba atrapado. Las estrellas en los ojos de Jungkook eran de fuego.

Se preguntó qué había sido eso, el cosquilleo que sintió y el temblor del pelinegro. Curioso, se removió nuevamente, esta vez, dándose cuenta de la dureza entre las piernas de Jungkook.

La garganta se le cerró y el corazón se le aceleró.

El rostro de Jungkook estaba cerca del suyo, podía oír su respiración agitada, ver cómo una fina capa de sudor en su frente que pegaba unos oscuros mechones a la piel, y lejos de parecerle asqueroso, lo veía extrañamente provocador. Quería seguir mirando esa expresión en su rostro, sabía que lo que estaba haciendo no era correcto, pero el estar sintiéndose tan bien logró que tirara toda su ética a la basura. Más tarde podría ir a buscarla.

Inevitablemente, Jungkook iba inclinándose por la electricidad que le causaba el roce, tanto así que la distancia entre sus labios y los de Jimin se acortaba cada vez más. Llegó a rozarlos, estaba siendo tentado por el diablo. Sus acolchonados labios soltando silenciosos jadeos eran un llamado a pecar, el aire de su boca chocaba con el suyo como si estuvieran peleando por ver quién le arrebataría el alma a quién. Le rogaba con la mirada permiso para dar el siguiente paso, y Jimin, queriendo sentirlo más cerca, tomó la iniciativa de cortar los escasos milímetros que se interponían entre ellos.

Sucio favor [Kookmin].Donde viven las historias. Descúbrelo ahora