XII

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*Hace 2 años*
Pov: Tsukishima

Yams.... Nunca me olvidaría de el, mi primer y último amor, hizo que tenga un gusto obsesivo por las fresas y por sus pecas, es que eran demasiado hermosas y nadie puede negarme eso

Desde que se fue, mi vida simplemente fue un caos, nada me salía bien, además de que cada pequeña cosa me recordaba a él, las estrellas, mis libros de dinosaurios, la escuela, incluso la molesta Yachi me recordaba a él.

Pasaron dos semanas y recibí un mensaje de un número desconocido, me emocione demasiado al ver qué se trataba de mi Yamaguchi, pero tampoco podía confiar en internet, por eso hice una videollamada con ese número y pude ver a el amor de mi vida manchado con tierra y de fondo un gran almacén, fue muy emotivo verlo.

Quería abrazarlo y tenerlo a mi lado.

La llamada acabo y al día siguiente espere con ansias un mensaje suyo para poder hablar un poco pero nunca llegó, así pasaron uno, dos, tres y muchos más días, no volví a hablar con él.

Me sentía destrozado, pero nada haría que me olvidé de el, lo esperaría por siempre, así tenga que hacerlo por muchos años.

En la escuela, una rubia comenzó a hablarme, al principio solo me preguntaba que paso con Yams, pero luego comenzó a hablarme de Kiyoko, me contaba como era ella y muchas cosas.

Era molesta, su voz no me gustaba, pero podía soportarlo, ella me acompañaba la mayoría de días, siempre hacíamos las tareas juntos y como se había mudado cerca de mi casa ahora nos íbamos juntos.

Esa chica molesta hizo que vuelva a sonreír. Claro que no de la misma forma que lo haría Yamaguchi pero lo hizo.

Ya había pasado un año desde que no tenía comunicación con mi chico pero aún así lo extrañaba, hablaba con el mediante las estrellas, solo miraba al cielo nocturno y viendo las estrellas les contaba mi día a día como lo haría con el presente, mi madre comenzó a pensar que me estaba volviendo loco hablando solo.

Un día de esos en los que regresábamos de la escuela con Yachi, un hombre intento tocarla, yo me di cuenta y le di un golpe a ese degenerado, a pesar de ser mucho menor era muy alto para mi edad y eso ayudo un poco. Tome de la mano a la rubia y corrimos hasta mi casa.

Ambos jadeábamos de tanto correr, ella tenía lágrimas en los ojos y se abalanzó sobre mi, yo solo correspondi el abrazo, no tenía razones para negarme.

Entonces paso un auto delante nuestro que se me hizo algo conocido pero no le tome tanta importancia, todos los días sobre pensaba las cosas.

En verdad extrañaba a mi pecoso.

Amor gay del bueno [ Tsukiyama]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora