Deudas

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Capítulo 1

—Seo, ¿qué se supone que haga contigo? —dijo el señor Han con voz fría—. Si no tenías dinero, no debiste seguir apostando. Ahora tu deuda es enorme y si dejo pasar algo así ¿qué pensarán los demás? ¿Que pueden jugar conmigo?

Seo escupió sangre tras los golpes recibidos. Apenas podía sostenerse pero aún tenía algo que ofrecer.

—Le propongo un trato, señor Han. Solo escúcheme, por favor.

—¿Qué tienes tú que me sea de interés? Lo único que me importa es mi dinero.

—Tengo propiedades en París. Si usted me permite, puedo dejarle a mi hija omega como garantía. Viajaré a vender las casas y regresaré con el dinero. Solo le ruego que cuide de ella hasta que vuelva.

Han lo pensó unos segundos. No podía llevar a una omega a su casa sin que su esposa se pusiera como loca, pero sí podía enviarla a vivir con su hijo Jae Hyun.

—Está bien. Aceptaré a tu hija como seguro de pago. Pero debes cancelar la deuda con intereses. Y si esto es solo una excusa para librarte de mí, no tendré piedad. Acabaré con toda tu familia.

—No, señor. Se lo prometo. Le traeré el dinero y pagaré cada centavo.

—Vamos por tu hija.

Después de conducir hasta la dirección que Seo había proporcionado, llegaron a un club nocturno. El lugar, por fuera, parecía deprimente. Han frunció el ceño.

—¿Tu hija es una cualquiera?—Pregunto Han curioso al ver aquel deprimente lugar.

—No, señor. Ella trabaja aquí solo en la barra o cantando. Lo hace para pagar sus estudios. Siempre ha querido ganarse su propio dinero y sentirse útil.

—Entremos. No quiero perder más tiempo.—Hablo Han con voz firme.

Al entrar, Han y sus guardaespaldas llamaron la atención de todos. Era extraño ver hombres vestidos de forma tan elegante en un sitio como ese.

—Señor, esa que está allí es mi hija —dijo Seo con la voz quebrada por la vergüenza.

Han siguió la dirección que le indicó. Vio a una joven omega sonriente, atendiendo a los clientes con dulzura. Parecía inocente, ajena a los negocios turbios de su padre. Han solo había tenido hijos alfas y Jae Hyun, su hijo menor, no soportaba a los omegas. Aunque por un instante sintió pena por la chica, los negocios eran los negocios.

—Bien. Tráiganla sin hacer escándalo.

—Señor, permítame ir yo —pidió Seo.

—Está bien. Pero date prisa.

Seo caminó hacia su hija con el corazón encogido. Su instinto alfa le gritaba que no lo hiciera.

—Hola, papá —dijo la joven, sonriendo al verlo en su lugar de trabajo—. No esperaba verte aquí.

—Hija, necesito tu ayuda.

—Claro, dime. Aunque será cuando termine mi turno.

—No, hija. No quería que te enteraras así, pero aposté en el casino. Perdí todo...

—Papá, no tengo mucho pero te daré lo que he reunido.

—Déjame terminar. Los hombres con los que aposté son peligrosos. Me han amenazado de muerte y también a tu madre. Sabes que está embarazada de los trillizos.

—¿Qué haremos entonces? ¿Podemos pagar por cuotas?

—Hija sé que soy una escoria, pero no tenía salida. Te ofrecí como garantía. Iré a vender las propiedades que nos dejaron tus abuelos. Cuando cancele la deuda, te recuperaré. Lo prometo.

—Papá... pero yo...

—Te lo suplico. Es la única forma de salvar a tu madre y a todos. Si no lo hacemos, nos matarán. Son peligrosos, Jisoo.

La joven pensó unos segundos. Luego asintió con tristeza.

—Está bien, papá. Me entregaré para proteger a mamá y a mis hermanos. Pero... ¿de verdad vendrás por mí?

—Sí, hija. Lo prometo. Mira, ese señor que está allá te llevará con él. Tendrás que portarte bien. No te lastimarán. Te cuidarán hasta que yo les pague.

—Está bien, papá —dijo bajando el rostro— Ni siquiera podré despedirme de mamá..Por favor, regresa pronto.

—Te lo prometo, Jisoo cumpliré mi palabra venderé todo y regresaré por ti.

Caminaron juntos hasta donde estaba Han. El hombre, de ojos felinos entre verde y azul, imponía respeto sin decir una sola palabra. Jisoo hizo una reverencia.

—Vayamos afuera —ordenó Han, levantándose del sillón de cuero rojo.

La joven caminó junto a su padre, aferrándose a su brazo. Afuera, Han fue directo.

—Bien. Despídanse. Supongo que tu padre ya te explicó todo.

Jisoo asintió. Entre lágrimas, se despidió de Seo, quien acarició sus cabellos dorados y le dio un beso en la mejilla. Luego, ella fue subida a una camioneta negra. No dijo nada,no puso resistencia. Su lobo interior estaba asustado y ella intentaba calmar sus nervios. No entendía del todo lo que estaba ocurriendo.

—Bien, Seo. ¿Puedo suponer que tu padre te explicó que eres un seguro de pago?

—Sí, señor. Me lo explicó —respondió Jisoo, mientras las lágrimas le corrían por el rostro.

—Deja de llorar, niña. Dime al menos, ¿eres mayor de edad?

Jisoo secó sus lágrimas con rapidez, temerosa.

—Señor... recién cumplí los 18 años.

—Bien. Te llevaré a casa de mi hijo con la excusa de que serás su cocinera. Solo te advierto: no te cruces en su camino. Es agresivo y no tolera a los omegas. ¿Sabes cocinar?

—Sí, señor. Pero... ¿por qué no me lleva con usted? —preguntó con inocencia.

—Mi esposa te mataría al verte. Es muy celosa. En mi casa solo entran omegas que sean de mi familia.

—Señor, sé que es mucho pedir, pero... ¿y si yo abono parte de la deuda de mi padre? Trabajo desde los 14 años. Tengo algo de dinero reunido. También puedo seguir trabajando en el club.

Han soltó una carcajada.

—¿Cómo puedes ser tan inocente? Lo que debe tu padre es una fortuna.

—Entiendo —dijo bajando el rostro—. Señor... ¿podré seguir estudiando?

—Sí. No creo que a Jae Hyun le importe lo de cocinar es solo una excusa para no decirle que eres el seguro de una deuda.

—Está bien, señor.

—Ya llegamos —anunció el chofer.

Jisoo bajó junto a Han. Lo primero que vio fue una enorme casa con un jardín impecable y una puerta tan grande que pensó que allí vivía un gigante. Parecía sacada de una novela.

—Jackson, ¿mi hijo está en casa?

—No, señor. Se fue al club hace una hora. No creo que regrese pronto.

—Perfecto. Lleven a Jisoo a una habitación. Será la nueva cocinera.

—Pero señor... es una omega. Usted sabe las reglas de su hijo...

Han lo hizo callar con un gesto.

—Que use algún neutralizante de olor y se mantenga alejada de Jae Hyun. Tú dile lo que puede y lo que no puede hacer.

—Sí, señor.

—Me iré. Despide al actual cocinero. Y cualquier cosa relacionada con esta chica, házmela saber de inmediato.

—Sí, señor —respondió Jackson, haciendo una reverencia.

—Antes de que lo olvide: Jisoo puede asistir a la universidad, pero solo tiene permitido ir allí. Nada de visitas a su madre ni a otras personas.

Ambos asintieron mientras Han cerraba la puerta de la camioneta, sin dar oportunidad a réplica.

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