La familia Han era una familia que aparentaba ser normal, pero la realidad es que tenía negocios oscuros que eran muy bien disimulados con sus empresas de electrónicos...
El señor Seo apostó todo en uno de los casinos sin registros de los Han y al v...
El lunes llegó. Jisoo apenas había logrado dormir por los sonidos obscenos que provenían de la habitación del señor Han. Aun así, no permitiría que nada arruinara su día. Estaba ansiosa: por fin vería a Ren su único refugio en el manicomio en el que vivía.
Después de arreglarse, Jisoo fue a preparar el desayuno y colocó la comida en la mesa.
—Jisoo, lleva el desayuno a la habitación del señor —ordenó la beta con tono neutro.
Sabía lo que tendría que ver, pero se armó de valor. Tocó la puerta y escuchó un "adelante". Al entrar, vio al señor Han en la cama con tres omegas.
—Señor, le traje su desayuno —dijo Jisoo con voz firme, evitando mirar demasiado.
—Bien. Por favor, no olvides que debes arreglar mi habitación —respondió Jae Hyun con indiferencia.
—Sí, señor. No lo olvido. Solo que será cuando regrese. Como sabe, ya voy saliendo a la universidad —explicó Jisoo con cortesía.
—Está bien. Puedes retirarte —dijo Jae Hyun, sintiendo sus celos incrementarse. Odiaba la idea de que Jisoo estaría con alguien más.
En el auto con Jackson, Jisoo iba feliz. Por suerte, el beta no percibía su olor. Al llegar a la universidad, lo primero que vio fue a Ren esperándola en la entrada.
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Jae Hyun, consumido por los celos, se había puesto un pantalón de pijama y una franela. Salió detrás del auto de Jackson. En su mente trataba de convencerse de que el no seguía a Jisoo, solo quería ver quién era su novio.
Jisoo bajó del auto, corrió hacia Ren, quien la levantó tomándola por la cintura. De inmediato se besaron. Poco le importaba ser vista por los ojos curiosos de la universidad. Pero entonces, recordó el beso que le había dado Jae Hyun sabía que era su omega pero quiso ignorar.
Desde su auto, Jae Hyun los vio besarse descaradamente. Luego, Jisoo se hacía la puritana con él. No se daba cuenta del ridículo que estaba haciendo. Molesto, Jae Hyun se fue de allí sin mirar más.
El día transcurrió con normalidad. Jisoo entró a sus primeras clases y en el primer receso, se encontró con Ren.
—Amor, por fin te veo. No sabes lo preocupado que estuve esta semana sin saber de ti —dijo Ren con alivio.
—Amor, entré a trabajar con los señores de las compañías Han. Por medida de seguridad, no me permiten tener teléfono —explicó Jisoo con tono suave.
—Entiendo, amor. Nunca he cuestionado tus trabajos. ¿Pero te tratan bien? —preguntó Ren con preocupación.
—Sí, amor. Por eso ni te preocupes —respondió Jisoo con una sonrisa.
—Jisoo, ya cumpliste tus 18 años. No sé si recuerdas la promesa que hicimos —dijo Ren con ternura.
—Claro que lo recuerdo. Espero que tengas algo especial planeado —respondió Jisoo con ilusión.