"Nombre"

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Al cabo de unos días, Kuroro regresó a la cabaña donde Kalluto y Kurapika esperaban. Nobunaga le acompañaba. 

Kalluto estuvo alegre de ver a su líder y un compañero.

Kurapika se encargó de asear a la bebé. Estaba colocándole algo de ropa limpia cuando la puerta del cuarto se abrió a sus espaldas.

— En cuanto termines nos iremos.

Kurapika reconoció la inconfundible voz, era Kuroro. Estaba agradecido de que finalmente llegase, al igual que sorprendido, más decidió ocultarlo, preguntando desinteresada, pero curiosamente lo siguiente:

—¿A dónde? 

—Un problema llamado hormigas quimera están invadiendo la ciudad.

Kurapika se sorprendió por segunda ocasión — ¿qué pasará con los habitantes de la región? 

Kuroro no pudo evitar levantar una ceja, ¿por qué le importaba algo como eso? — es algo que no nos concierne. Para nosotros permanecer a salvo, debemos llegar a un punto del este.

—¿Un punto?

Kuroro miró a la bebé que exigía los brazos de Kurapika. El rubio terminó por arroparla y la levantó. Luego, el de cabellera oscura aplazó la anterior cuestión y dijo:

—¿Ha crecido bastante en cuestión de días, no crees? — Kurapika miró a la niña mientras pataleaba un poco. La colocó en el piso y, para sorpresa del pelinegro, ella anduvo sola, este observó entretenido, luego agregó —Supongo que es bueno que camine.

—Pero...es tan extraño, incluso parecía más pequeña al inicio.

—Estás tan acostumbrado a ella que no eres objetivo. Te preocupas como si realmente fuera tuya, eso creo...

Kuroro se escuchó, desde luego se sintió extraño. Aunque, la realidad era tal cual lo expresó.

Un segundo más tarde, Kurapika reprobó el punto, mientras negaba con la cabeza —no tengo nada qué ver con ella, no empieces a decir cosas raras.

—Sólo digo que eres el más cercano a ella... — suspiró, rehaciendo sus ideas — sólo... sólo ignora lo que dije, asegúrate de llevar todo lo necesario antes de partir. No regresaremos por nada si te olvidas.

El rubio agachó la cabeza y en silencio giró sobre sus talones. Minutos más tarde, hizo lo que le dijeron.

...

...

...

En tres días, Kuroro seguido de la menor de sus arañas, Kurapika junto a la bebé y Nobunaga, escalaron una montaña rocosa y con precipitaciones realmente peligrosas. Irían a un refugio, de hecho, por lo complicado que era cruzar esa formación rocosa, raramente los animales o personas conocían su ubicación.

Kuroro le echaba vistazos largos y meditabundos al rubio, donde se hacía la siguiente pregunta: ¿Cómo llegaron hasta ese punto? Es decir... ¿cómo es que ninguno de los dos se sentía incómodo por mantenerse tan cerca?

Su primer encuentro fue la experiencia menos ejemplar. El líder de la brigada secuestró a los amigos del kurta, mientras que éste lo secuestró a él y de paso, encadenó su corazón, apartándolo de sus camaradas y privándolo de su nen.

Afortunadamente, buscó y localizó a un experto exorcista de nen para liberarse de la restricción. 

Una vez volvió con su grupo. Se reencontró con el kurta mientras saqueaban un reconocido laboratorio.

Iris escarlatasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora