La bebé dormía mientras Kuroro hablaba con su tropa. El Kurta sentado junto a Kalluto escuchaba con atención.
En dos días partirían a un lugar llamado: La ciudad de las Estrellas Fugaces.
Por lo que el líder explicó, ocuparían auto desde el punto actual, pero el resto del camino, que era más de la mitad, viajarían en dirigible.
Por alguna extraña razón, esa noche, Kuroro había conversado con Kurapika, quien lo hizo elegir entre dos opciones. Una, seguirlos y continuar a cargo de la bebé como lo ha hecho hasta ahora, y dos, separarse de ellos y continuar solo. Kuroro pidió que lo asimilara durante el resto de la noche y a lo largo del día siguiente si era necesario.
Esa noche, Kurapika se vio obligado a pasarla con la bebé en brazos, puesto que no había forma de tranquilizarla, extrañamente la bebé no dejaba de quejarse y llorar, su sueño fue exageradamente intermitente.
Al amanecer, los ojos del Kurta lucían más cansados que de costumbre y sombras moradas se vislumbraban bajo sus párpados inferiores.
—Se nota en tu fea cara que pasaste una noche terrible.
La araña se divertía a costa de la desgracia del rubio.
Con los ojos rodando en blanco, Kurapika decidió ignorar al hombre.
—Déjalo en paz Nobunaga, apuesto a que en su lugar te habrías metido un tiro en la cabeza— pero a Nobunaga le importaba poco lo que sus compañeros le dijeran.
—Jamás estaré en su lugar, criar mocosos no es mi deber —Shalnark hizo lo mismo que el Kurta, rodar los ojos en blanco.
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La tarde antes del día en que emprenderían el viaje, Kuroro visitó el espacio de Kurapika para conocer la decisión que tomaría.
El pelinegro no lucía sorprendido cuando el Kurta dijo que los acompañaría. Así que estaba decidido, todos viajarían a Ryuusegai.
El camino en automóvil resultó embarazoso para todos, en dos autos se habían dividido y, aunque los vehículos eran lo suficientemente amplios, el espacio no fue suficiente para viajar cómodamente.
La bebé seguía actuando con inquietud, de hecho, los pasajeros junto a Kurapika se quejaban demasiado de la molestia en sus oídos al escuchar el interminable llanto de la niña.
También tuvieron que realizar varias paradas urgentes para cambiar su pañal. Ya que las arañas fueron tan susceptibles que prohibieron determinantemente que el Kurta la cambiase en el interior de ese espacio tan pequeño. Kuroro quien era el conductor, simplemente complació las peticiones.
Varias horas después, el camino en auto llegó a su fin y abordaron la nave.
El dirigible resultó totalmente maravilloso para todos, después de todo, era muy amplio, bien podían dormitar en alguna de las habitaciones de descanso o permanecer en una pequeña pero agradable sala dispuesta para reuniones.
A estas alturas del viaje, la bebé ya era inconsolable, Kuroro como el responsable de mantener todo bajo control, comenzó a extrañarse, usualmente la bebé era pacífica y el Kurta lograba perfectamente mantener satisfechas cada una de sus necesidades.
— ¿Qué le incomodará tanto? —dice Kuroro con un tono seco.
— Ya no lo sé. He intentado tranquilizarla con varios medios, pero nada ha funcionado.
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Iris escarlatas
FanfictionEn su afán por recolectar los ojos robados de su tribu, Kurapika cae en una emboscada donde deriva implicándose en un trabajo experimental. El kurta es "rescatado" por las personas que menos imaginó.
