Los rayos del sol acariciaron el rostro palidecido de Kuroro. Abrió los párpados de una vez, lo que hizo que se deslumbrara con la luz por unos segundos. Cuando por fin se concientizó de su ambiente, escuchó a Scarlet. Se sentó en la cama para verificar el espacio, la chica estaba jugando con el directorio de la habitación, varias hojas del libro estaban arrugadas, otras estaban literalmente hechas papilla, babeadas y rasgadas. Resopló recatadamente como sólo el líder del genei ryodan puede hacerlo. Antes de ir por la chiquilla y despojarla de los papeles, comprobó el estado de la puerta. Aún estaba cerrada. Consideró que había esperado el tiempo suficiente para abrirla por la fuerza, no podían continuar las cosas de esa manera, él no había sido contratado como niñera ni nada por el estilo, el juego del cuidador debía terminar aquí y ahora.
Poniéndose en movimiento, caminó hasta Scarlet y la desarmó, la niña como era de esperarse lloró e hizo una rabieta. El pelinegro la ignoró, era hora de abrir la entrada.
Cuando se dirigía hasta la puerta, notó un detalle, todo estaba bastante silencioso, de hecho, la noche fue muy callada. Cuando por fin tocó la madera del marco, un sentimiento poco grato atestó su pecho. Se sorprendió cuando no tuvo que forzar la puerta, simplemente al girar la perilla, esta emitió un agudo "click" y se abrió.
Con el presentimiento desagradable recorriendo su piel, empujó la puertezuela, sus ojos viajaron a lo largo de la estancia, en ese momento lo supo, el mal augurio no se había apoderado de él por casualidad. El Kurta no estaba. Respiró con bastante calma, quizá había salido y regresaría en algún momento, ¿no podría haberse marchado o sí? Además, ¿a dónde podría haber ido?, ¿y la niña?, ¿sería capaz de haberla abandonado a su suerte?
Scarlet caminó siguiendo a Kuroro, cuando menos se dio cuenta, ella estaba justo detrás, observó que hizo justamente lo mismo que él, buscó por el sitio la presencia del rubio. Ella comenzó a balbucear y a repetir varias veces seguidas "Kuro, Kuro". La araña entrecerró los ojos analizando el comportamiento de la pequeña. Ella continuó diciendo "Kuro" simplemente, una y otra vez.
Cuando ella se cansó de repetir ese nombre y notó que la persona que estaba buscando no aparecía, sus ojos empezaron a cristalizarse, sus labios se fruncieron con angustia. La niña vociferó bastante alto, gritando volvió a articular la única palabra que había aprendido "Kuro" alargando la última letra con insistencia. En ese momento, Kuroro descubrió que ella jamás se refirió a él cuando decía esa palabra, sino a Kurapika.
¿Dónde se habría metido ese Kurta? ¿sería buena idea esperarlo? ¿regresaría en algún momento, o...?
Kuroro se sentó en la silla que encontró más cerca, la posición de su cuerpo indicaba que estaba pensando. Los lloridos, sollozos y berridos de la niña podrían haberlo sacado de quicio si no fuera por su yo impenetrable y estoico.
Si el rubio decidió irse y dejar atrás a la chiquilla, no era asunto suyo, contempló durante un buen rato la situación actual, habiendo pensado detenidamente y con base a las posibilidades, decidió lo siguiente:
Si el Kurta regresaba en el transcurso del día, le entregaría a la pequeña y continuaría por su cuenta, no podía hacerse cargo de ellos para siempre, además, debía reunirse con su grupo, ya había dejado pasar bastante tiempo, la araña debe moverse, de todos modos ¿por qué debería preocuparse por ellos dos? desde un inicio pudo elegir acabar con Kurapika, o simplemente podría haberlo dejado a la deriva. El líder masajeó el puente de su nariz, ¿por qué demonios había mantenido al Kurta con ellos?
La segunda opción era marcharse si el rubio no hacía acto de presencia de aquí al caer la noche. Dejaría a la bebé en el cuarto de hotel y se movería. No tenía razón alguna para llevarla consigo, de todas maneras, no le hallaba gran utilidad, los ojos de Kurta valen bastante en el bajo mundo, pero en realidad no era la gran cosa, como ladrón puede conseguir más capital robando otros tesoros o haciendo otro tipo de cosas. Razonó.
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Iris escarlatas
FanfictionEn su afán por recolectar los ojos robados de su tribu, Kurapika cae en una emboscada donde deriva implicándose en un trabajo experimental. El kurta es "rescatado" por las personas que menos imaginó.
